miércoles, 20 de julio de 2011

Perder el miedo a la página en blanco

Sólo a un poeta muy novel o a un muy espurio poeta me cabe imaginar delante de una inmaculada hoja de papel (o frente a ese simulacro de página en blanco que es la base de cualquier procesador de textos en la pantalla de un ordenador) sin saber a ciencia cierta sobre qué sujeto irá a tratar, comiéndose las uñas, rascándose el cogote, amagando con emborronar la página de un momento a otro..., revolviéndose luego en la silla, masajeándose las sienes con la yema de los dedos o sudando copiosamente como consecuencia de lo mucho que se está estrujando el caletre en su porfía por ganarle la mano a la diosa Inspiración.Apolo y las Musas, por Sargent Y total ¿para qué?, ¿qué sentido tiene hoy en día para un servidor de las Musas trabajar con semejante indisposición? Según dice el proverbio, más vale llegar a tiempo que rondar un año. Asimismo, pienso yo, más aprovecha una hora bajo la protección y el influjo de la esquiva diosa, en el lugar y en el momento menos a propósito, que meses y aun años de garabatear papeles y pelearse a diario sentado en un confortable gabinete, estudio o escritorio, pertrechado con todas las comodidades y recursos disponibles.

En la antigüedad, o pertenecías a las clases privilegiadas, al clero o a la aristocracia (lo cual, además de otorgarte el privilegio de una buena formación, te eximía de la fatigosa lucha por obtener el diario sustento), o vivías gracias a la protección o al mecenazgo de los más poderosos,Ciego de la guitarra, por Goya© Museo del Prado suerte de servidumbre gracias a la cual tantos y tan buenos logros artísticos han sido legados a la posteridad1. No había otra opción. Como medio de sustento, por sí misma, la poesía a nadie sacaba de miserias: el pobre ciego que vendía pliegos de cordel malvivía con unos ingresos que tenían bastante de limosna; y, si lo miramos por el lado más culto, tampoco es que les fuera mucho mejor, verbigracia, a los afamados autores de comedias de nuestro siglo de oro, en manos de unos empresarios teatrales que por aquel entonces debían pagarles sus obras más al peso que en consideración a su mérito, si juzgamos por la proporción entre lo mucho que escribían y lo poco que medraban.

Hoy en día tampoco se hace nadie rico ni se gana la vida exclusivamente gracias a la poesía. La musa de la poesía, por MakovskyLas tiradas millonarias están reservadas al best seller de turno y la poesía sólo capta la atención y el interés de esa inmensa minoría incapaz de saciar las ansias pecuniarias del gran grupo editorial o de colmar la ambición del gestor-editor eficiente, esto es, el que sabe de economía y de balances y se precia por ello. Así pues, vuelvo a repetir: ¿qué sentido tiene hoy en día para un servidor de las Musas trabajar metódicamente frente a la página en blanco? Si no tenemos que satisfacer las necesidades de un mecenas ni podemos aspirar, como en tiempos pasados, a un puesto en la corte ni tenemos perspectiva de ganarnos la vida sólo con la poesía, ¿para qué esforzarnos de ese modo? ¡Ah!..., ¿es que acaso nuestra ambición va mucho más allá y aspiramos a ganarnos un puesto en la posteridad con ese continuo laborar y ese desvelo? Vano intento, porque, digámoslo de una vez por todas, el fruto del talento en poesía —de manera más intensa y acuciante, tal vez, que en el resto de disciplinas artísticas— no va en proporción directa con la destreza, el esfuerzo y los conocimientos, ni la práctica ni el estudio continuados aseguran el acierto.

El nacimiento de Venus, por CabanelExiste entre los gentiles una tradición mítica que hermana a las Musas con Afrodita, la diosa del amor, pues, aunque procedan de madres distintas (Mnemósine y Dione, respectivamente), todas son hijas del gran padre Zeus. Yo quiero ver, a nivel metafórico, una gran significación en este parentesco, y, consecuentemente, creo reconocer siempre en los frutos más logrados y en las obras más inspiradas y talentosas, no sólo la presencia de alguna de las nueve hermanas, sino el influjo inigualable del amor; no únicamente del amor erótico, por supuesto, sino del amor a todas las cosas —empezando por el amor al arte—, entendido como potencia creativa universal. Así, volviendo al tema que nos ocupa, considero que ni las personas más inteligentes, ni las más preparadas, ni las más sabias, ni las más metódicas y constantes tienen en su mano la consecución de una bella obra, de un excelso poema, pongamos por caso, sino aquellas que en el momento de llevar a cabo su producción se encuentran en un estado parecido a la embriaguez, el cual no se produce con pérdida de la propia conciencia ni mengua temporal de las facultades —todo lo contrario—, sino bajo la influencia de poderoso estímulo, irresistible impulso, especie de delirio directamente emparentado con el amor. No obstante, ni siquiera este estado de "embriaguez" asegura la consecución de ningún logro, no basta con sentir cierto arrebato, también intervienen factores como el azar y las propias circunstancias; pero, indudablemente —y aquí sí que entrarían en juego la capacidad personal, la experiencia y los conocimientos adquiridos—, aquel individuo que esté mejor preparado disfrutará de mejores recursos y será, virtualmente, más capaz. Es como el tigre o el leopardo acechando a su presa, que no les basta el instinto y la preparación: hasta el espécimen más fuerteTigre siberiano, por Ungewitter, ágil y experimentado necesitará, primero, que la ocasión se presente y, luego, regularmente, deberá fracasar en numerosas tentativas antes de lograr una sola captura; aunque éste, por sus cualidades excepcionales, gozará de mayores y más claras oportunidades que el resto de sus congéneres.

Cogiendo el hilo de esta última y zoológica comparación y llevando el asunto, para concluir, al terreno de la propia experiencia, deseo afirmar que, así como nunca he experimentado el menor Lucha entre un tigre y un búfalo, por Rousseautemor por estar a solas frente a un tigre o un leopardo —y estoy convencido de que esta circunstancia, salvo un azar inexcusable ajeno por completo a mi voluntad, no va a darse jamás—, nunca experimento ni espero padecer miedo alguno por enfrentarme a la página en blanco. El tigre o el leopardo podrían arrebatarme la vida, situación crítica donde las haya, pero la pacífica e inocente página en blanco podría robarme estérilmente el tiempo, una de las cualidades de la vida —por lo que tiene de limitado— más valiosas.

Quien evita la ocasión, evita el peligro. Lo que tenga que suceder, suceda (necesidad obliga). Nunca angustiarse por la página en blanco.


  1. Sin la Iglesia ¿se puede entender o habría sido posible un Fray Luis de León, un San Juan de la Cruz o un Gonzalo de Berceo? ¿Qué hubiera sido de un Góngora, de un Juan del Encina o de un Lope de Vega sin el amparo y protección de unos grandes señores, por más que alguno de ellos (quién había de decirlo en el caso de Lope) vistiera hábito en algún momento de su vida? Don Juan Manuel, Ausias March, Jorge Manrique o Garcilaso de la Vega fueron nobles o caballeros que tan pronto empuñaron la pluma como la espada. El propio rey sabio, Alfonso X, tuvo sus inclinaciones poéticas, si hemos de creer a los musicólogos o historiadores que defienden que colaboró en algunas de las cantigas y que algunas, incluso, puede que salieran totalmente de su mano.

2 comentarios:

Ismael Acién Molina dijo...

Es muy dificil escribir sereno, entendiendo la serenidad como la frecuencia usual del ser humano, para escribir hay que romperse por dentro y entrar en un delirio que sude esos pensamientos que vas a plasmar, al acabar siempre sobreviene el gozo de ver el resultado, un resultado nada sereno.

Chacien dijo...

Hombre, yo creo que depende de lo que vayas a escribir, porque si lo que haces es la lista de la compra bien puedes escribirla serenamente, salvo casos excepcionales, como, por ejemplo, si al hacer dicha lista incluyes gran cantidad de cerveza o licores varios porque acabas de agotar las existencias debido a un exceso de consumo (lo cual difícilmente sería mi caso); pero, bromas aparte, creo percibir que estás bastante de acuerdo con lo que expongo en el post o, al menos, no encuentro gran contradicción entre lo que yo he escrito y lo que pones en tu comentario.

Me alegra verte por aquí.

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