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sábado, 7 de diciembre de 2024

Poema VI







Eres fuente inagotable
que murmura rumorosa:
eres fluido interminable
para la sed que me acosa.

Si se callara la fuente,
si me faltases un día,
si te fueras de mi mente...
¡qué solo me quedaría!



Junio - Julio de 1987

miércoles, 15 de mayo de 2024

Poema LXXXIV

...sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
(Anónimo, Romance del prisionero)





La última flor de la pasiflora.
Quién me iba a decir,
entre la exuberante profusión
de capullos, vástagos y renuevos
que surgían, con ímpetu
primaveral, excediendo el límite
de la cerca, augurando un progresivo
e inminente estallido
de belleza; que esa flor señera,
la única flor de la pasiflora,
la primeriza, sería la última;
la más temprana, la última flor.

La leve ilusión, la emoción ligera,
pero muy viva, con que acerté a verla
entre la verde y pujante espesura
me recuerda cuán frágil, cuán efímera
fue mi expectativa, y qué fugaz es
la belleza, no ya la de por sí
breve hermosura de todas las flores,
cuya existencia —la de cada una
en particular— no puede ser larga,
sino la belleza latente en todo
cuanto vive y alienta.

Tras una espera confiada y tranquila,
salvados ya el otoño y el invierno,
nada hacía presagiar que la flor
primera que me ofrecía, obsequiosa,
la pasiflora sería la única
que alcanzaría a ver; que no vería
el verdor de sus hojas nunca más,
ni ninguna flor hermana; que tuve
el privilegio de ver una flor
primeriza, acaso la más temprana,
con la nostalgia —el encanto— de ser,
tal vez en mi recuerdo para siempre,
la última flor de la pasiflora.



28 de abril-24 de mayo de 2024

domingo, 16 de enero de 2022

Poema XXV

TRISTE







En aquella ventana
reclinada se está.

En aquella ventana
una niña morena
de carita rellena.
Sus ojillos de pena
no parecen mirar.

En aquella ventana
reclinada se está.

Tiene fijos los ojos.
Con su pena en los ojos
está inmóvil.
Sus ojos
no parecen mirar.

En aquella ventana
tras el limpio cristal.



1989? 1990?

lunes, 22 de marzo de 2021

Poema XXIX







A Álex.





Es joven, y el negro de su veste
de invierno quizá la envejece de
manera inapreciable.

De los miles de pies pese a
la suciedad la goma reviste
del suelo la superficie con
miríadas de circulares
protuberancias

Blancas sus manos sujetan el bolso
(negro) sobre el regazo.

Son cómodos estos asientos,
y blandos

Cara a cara, muy de cerca,
hablamos, conversamos,
estamos

A pesar de que aquí abajo
—entresijo subterráneo—
no es de día ni es de no-
che, fuera sé que está
el sol brillando.

Sus dedos blancos, sus blancos
dedos (¡jóvenes manos y finas!)
ágilmente se enredan y enredan
del bolso negro correas negras.

El vagón no va vacío.
Nosotros vamos hablando.
No va muy lleno el vagón.

Fluorescentes blancos dan,
nos dan, luz blanca y
abundante.

Sin cesar hablamos (pelo oscuro
ensortijado), conversamos, dia-
logamos, y sus dedos blancos
negras correas enredan y enre-
dan.

Al cambio de vagón
estábamos de pie.
Poco tiempo,
así es

—Yo me fijo en los ojos y en
las manos (por eso Napoleón)
para saber

—¿Cómo las manos?

—Apariencia circunspecto pero
no serio seguro sin miedo o
tranquilo pero no se descubre
por las manos Tú ahora con el
bolso ella cómo enredas
asiente a veces también de
ya la pierna el comprende
temblequeo o. No es como se
aparenta

—¿Pensarás no que yo? Si lo
hago siempre... es que muy
nerviosa soy ¿No pensarás
que ahora yo?

—¿Yo? No...

¿Yo?

Nooooooo...



4 de Julio de 1990

domingo, 3 de enero de 2021

Poema X







Noches de frío invierno:
a más de frías, agrias;
a más de agrias, tristes;
a más de tristes, largas.

Pasan como de invierno
los días sin mi amada:
como sus noches frías,
agrias, tristes y largas.





Agosto de 1987

viernes, 30 de octubre de 2020

Poema XXIV

MARTA Y SUSANA







Marta es morena de piel muy
clara.

Susana es muy sensible y muy
apasionada.

Marta se ha cortado el pelo
liso de azabache: desde el
cuello lo lleva en redondo
hasta las sienes recortado.

Susana está loca, loca, loca...
Nunca en la vida había sentido
algo semejante. Nunca.

Marta una sencilla diadema
lleva a veces color azul.

Susana a veces llora, y si se pone
furiosa (¡No la toques, no la
hables, no la mires!) es su ira un
torbellino muy difícil de aplacar.



Marta y Susana se conocen de toda la vida.



Marta, vista de frente como
de perfil, no provoca dudas,
ante la exuberante prominencia
de ciertos atributos, sobre su
femineidad.

Susana no ha olvidado aquellos
ojos que aquella tarde la miraron
en aquel sitio y de aquel modo...

Marta no podría alardear de su
estatura, que no es muy alta.

Susana revive muchos momentos,
instantes vagos que no consigue
retener, llenos de cosas sencillas,
inenarrables, que celosamente
guarda y desordenadamente
evoca.



Marta y Susana se conocen de toda la vida



Marta algunos días se pone una
falda que se ajusta a los muslos,
a las caderas y de sus posaderas
a la exquisita redondez.

Susana sabe que sólo una vez
se ama así. Una sólo.



Marta y Susana se conocen de toda la vida.



..............................................................................................................




Susana y Marta se cruzaron junto a la escalera ayer



Susana saludó a Marta

Marta, rostro severo, no vio a Susana.



16 de Febrero de 1989

domingo, 26 de julio de 2020

Poema LXXXII

A mi padre.





No importa el tiempo transcurrido.
Seguirás siendo el zagalillo
siempre. En tu mirada, en tu caminar
de hoy mismo, octogenarios,
el andar y la mirada percibo
de aquel zagal, muy niño,
solito entre las peñas,
siguiendo a los borregos
como un cordero más,
con una extraña mezcla
de hombría prematura
e inofensiva,
conmovedora candidez.

Tu andar era el mismo —el de entonces
y el de ahora—, aunque fuese
mucho más segura tu planta,
cuando, más adelante,
mejoraron las cosas
y en los días duros de nieve
no se reblandecían ya
tus pies —cubiertos sólo
con el abrigo humilde
de unos leguis y unos trapos
sobre las míseras albarcas—
ni le echabas carreras a la luna,
si se te hacía tarde
al regresar a casa, y el carea
era leal e inseparable.

Tu mirada era la misma
—por más que estuviese avezada—
cuando pasaste a ser pastor
y te quedaste solo
con el bagaje
de tu experiencia en el manejo
y la custodia del ganado,
en todo momento pendiente
de su bienestar, dispuesto a hacer
cualquier sacrificio, cualquier esfuerzo
—también la vista gorda—
con tal de saciar su apetito.

Si fuera el prodigio posible,
maravilla de poder verte
—oculto entre unas matas,
al amparo de una mole
de granito, detrás
de una encina o, como invisible
espíritu, flotando—
en la dehesa o en el monte,
por veredas, caminos o cañadas,
en el barbecho o en lo que fue sembrado,
estoy seguro que vería
el mismo andar, ligeramente
bamboleante, y el mirar mismo
(chispa, tenue brasa que allá en el fondo
se aviva y luce en tus pupilas),
los cuales, desde que tengo memoria
de ti, recuerdo.

Si es ahora más fatigado
tu caminar —puesto que arrastra
con los achaques y los años—,
no es por diferenciarse más,
estoy seguro,
del ágil movimiento
de tu fornida juventud,
sino por parecerse más
al inocente paso
de aquel zagal, muy niño,
solito entre las peñas,
con unos leguis y unos trapos
sobre las míseras albarcas,
resuelto a ganarle a la luna
en la carrera y demandando
a Guerra, el carea, siquiera
unas migajas
de compañía y amistad.

Seguirás siendo siempre el zagalillo.
Lo percibo en tu andar
octogenario, lo vislumbro
en el frecuente brillo
de tu mirar cansado.

Seguirás siéndolo mañana
y en el postrer aliento,
y mucho más tarde. Seguirás siendo
el zagalillo mientras haya alguien
que te recuerde
o te piense, como yo ahora, siempre.



11 de julio de 2020


  1. NOTA: Como bien puede deducirse de la lectura del poema, mi padre, Serapio Hernández, se inició muy pronto —aún no había cumplido 7 años— en el oficio de pastor, y en ello estuvo hasta el momento de irse a la mili con veintiún años de edad. Yo siempre supe que había sido pastor y alguna cosa me había contado a este respecto, pero no fue hasta que me vi implicado en la publicación del libro El Zagalillo que no adquirí un mayor conocimiento de esa larga e intensa etapa de su vida. Habiéndose impreso y publicado, en efecto, en el año 2003, yo mismo, recientemente, lo he digitalizado con objeto de ampliar su difusión, por expreso deseo de mi padre, que quisiera rescatar del olvido en lo posible una forma de vida que conoció en plenitud y que ha ido sucumbiendo, gradualmente, en aras del progreso, o víctima de ese fenómeno que devora todo lo que de genuino hay en los pueblos y que hemos dado en llamar globalización. Quienquiera que lo desee puede descargar estas «Memorias de mis años de pastor: tal como éramos» de forma completamente gratuita en formato de libro electrónico o en PDF:

lunes, 9 de marzo de 2020

Poema XXI







Tus piernas avanzan en pos del orgullo
Sinceros tus ojos me quieren hablar
Avanzan tus piernas    siempre      hacia        delante
Tu rubia cabeza se vuelve hacia atrás



Si pienso en seguirte me agarra el orgullo
Tus ojos me imanan si pienso en marchar

La esquina se acerca con rápido paso
Si callan tus ojos es cuando no están

Si pienso en seguirte me agarra el orgullo
Tus ojos me imanan si pienso en marchar

La esquina se acerca con rápido paso
Si callan tus ojos es cuando no están

Si pienso en seguirte me agarra el orgullo
Tus ojos me imanan si pienso en marchar

La esquina se acerca con rápido paso
Si callan tus




Tus piernas siguieron en pos del orgullo
Tus ojos sinceros sabían hablar
Siguieron tus piernas siem pre hacia delante
Tu rubia cabeza volvía hacia atrás





Intacto me llevo el orgullo a mi casa


Tus ojos
sinceros

quedaron


atrás



13 de Julio de 1988


  1. NOTA: Por el carácter marcadamente visual de esta poesía, recomiendo leerla en un dispositivo con la pantalla lo suficientemente grande como para que la distribución de los versos no se vea alterada. Téngase en cuenta que para adaptar el texto original al cuerpo de las entradas del blog me he visto en la necesidad de introducir ligeras modificaciones. Por consiguiente, considero que lo más idóneo en este caso sería descargar el poema en el enlace que viene a continuación para leerlo en un formato que ofrece mayor fidelidad.

domingo, 19 de enero de 2020

Poema XLVIII







Cuando tu imagen era
rosa entrevista;
un día mariposa
que tremolando pasa
e imprime, ajena, en la pupila
su repicar de alas;
ave imprecisa,
de un espacio indistinto sobre el lienzo
ligera pincelada...

Antes de ti,
antes de abrirte tú a mi memoria
como flor que nace de pronto
para no perder su fragancia,
cuando en mi centro
aún no ardía tu llama,
mi vida era
estéril como tronco
sin hojas y sin ramas
flotando a la deriva
donde quisiera el agua...



Año 1998

sábado, 20 de mayo de 2017

Poema LIII

ARS SUBTILIOR







Hurtándoselo al tiempo y a la historia
el triple dulce son del instrumento
prosigue su artificio.
Las tres voces concertadas
con fluidez se funden
en difícil contrapunto,
ágilmente construyendo
la recurrente o progresiva
geométrica estructura, calculada.

Sin poder sustraerme
a las señas indudables de su siglo
que la música comporta,
sin esfuerzo, casi sin proponérmelo,
traigo a la memoria
el recuerdo —imagen difusa—
de aquellos días y aquellos versos...
Pienso en Dante y Beatriz
y en la Laura perenne de Petrarca.

El sonido me transporta
como a pájaro en el aire
mientras me adentro en la atmósfera y el aroma,
la etérea tibia luz,
paraíso intemporal
no exento de dolor
—dulce sufrir—
que sólo un hombre
pueril e irremisiblemente
enamorado
puede hallar entre las páginas
singulares de La Vita
Nuova
y, antes aun,
del Canzoniere.



22 de Febrero de 2001


  1. NOTA: Este poema, de algún modo, recrea la experiencia vivida durante un concierto del Trío Subtilior, conjunto de flautas de pico especializado en la difusión de un peculiar estilo musical vigente a finales del siglo XIV, durante la Edad Media. Dicho estilo, denominado Ars subtilior, se caracteriza por su complejidad compositiva y por la dificultad que entraña su interpretación. Casualmente, en aquellos momentos tenía aún muy viva, por su proximidad en el tiempo, la lectura de las dos obras capitales de la literatura mencionadas, cuyos autores vieron la luz —sobre todo Petrarca— más o menos por la misma época en que fue compuesta la música del concierto; de ahí que la cita surgiera espontáneamente.

domingo, 31 de enero de 2016

Poema LXVI

BELLA IMAGEN

¡Qué inmensa gratitud a quien nos hace sentir así, vivir así, querer así!
(Pedro Salinas, Cartas a Katherine Whitmore)





Lo mejor que tú me has dado
no es materia.

Vive sólo en el recuerdo.

Y no, no es materia...
ni siquiera en el recuerdo.

¿Es delirio o fantasía,
espejismo que el deseo
origina y al cual
la imaginación da forma?

Pero ¿acaso tiene forma?

No, lo más hermoso que me has dado
—verdad o quimera—
carece de forma,
es una imagen sin forma
—visión, intuición—
que en mi memoria persiste.

Diversas imágenes
más o menos claras y precisas,
actitudes, hechos, circunstancias
recordadas o vividas,
cifra son, reflejo o consecuencia,
reconocible e indirecta
expresión,
vaga seña o muestra ambigua
de aquello, lo más valioso
que, siendo sueño o realidad
vívida, esperanza cierta
o imposible anhelo,
tú me has dado.

Abrazos, besos, caricias;
una dulce intimidad;
la unión de los cuerpos placentera;
¿cuánto valen y qué son
sin algo así, tan precioso,
como aquello que aún perdura
—victoria sobre el tiempo—
en mi mente como imagen?

Que la sociedad sanciona
estrechos lazos; continua
o intensa o tranquila convivencia;
promesas y juramentos,
propósitos, lealtades,
compromisos,
¿cómo pueden, en el corazón
del largo invierno, garantizar
que aquello, lo más hermoso,
—claridad visible o inapreciable,
palpitante promesa primaveral—
permanece
del secreto en la guarida?

Cuando todo se lo lleva el gran tirano,
si de una vez no, muy poco a poco;
si completamente nadie
ajeno hay al fingimiento,
y mismas las cosas a menudo
mienten su apariencia;
si es la vida impredecible
e incesante devenir,
si todo es mudanza,
¿cómo ver o confirmar
la amada presencia?,
¿cómo saber que sigue allí,
en su centro y hogar, en su sagrado
aposento, en su morada
—segura, por fortuna, inviolable—,
si no es en un acto de fe pura,
principio del bien amar?

¡Qué belleza y qué ironía
que una imagen, idea sin forma,
en la caverna sombra sin cuerpo,
fino destello o rayo de luna,
de todo cuanto en el mundo existe
sea lo único que nos permita,
siquiera un instante, constatar
que aún la esperanza es posible
y que no es verdad que estemos tan solos!

Bella imagen, tiene hermosos
mensajeros —de tu voluntad
clave— que como aves vuelan
vulnerando del tiempo y el espacio
ley estricta; ligeros y leves,
del sutil correo portadores,
vuelven, una y otra vez,
hasta la imaginación
que crea o evoca
a traerme aquello, tan valioso
—lo mejor que tú me has dado—,
que no es materia, que vive
en el recuerdo, verdad
o quimera, sueño
o realidad, promesa
y esperanza o fantasía
y delirio, aquello,
lo más caro que me diste,
con discreta gentileza,
por la estafeta del viento.



Enero de 2008

lunes, 6 de julio de 2015

Poema I

ENTRE PENA Y PENA







La sonrisa tierna en su cara helada,
el cuerpo reposando sobre el lecho,
el corazón retumbando en el pecho
y la mente a una imagen consagrada.

Un absurdo le enturbia la mirada,
que permanece firme sobre el techo;
es una turbación que, sin derecho,
se acomoda en sus ojos despistada.

De puro tímida escapar no quiere,
y al estar hecha a la melancolía
no logra entender que el placer no hiere,

que el amor también consta de alegría.
Suicida por vocación, salta y muere,
tras banal pestañeo, parca y fría.



¿Primavera de 1986?

miércoles, 1 de abril de 2015

Poema LXXVIII

ESTAR TUMBADOS







La íntima confesión que tú me has hecho:

estar tumbados
en este confortable
lecho —que procuramos
ambos; que espontáneamente
calentamos, siquiera
sin tocarnos, cuánto más con el roce
y la ternura de los cuerpos— es
delirio y placer, sensación
dulce y amable
que te acompaña siempre.

En el trabajo incluso, dices,
estando a solas —y no importa
con cuánta gente alrededor—
revives estos
momentos,
la calidez de estar
juntos, sintiéndonos
uno al otro en la placidez
del lecho blando y espacioso.
Impresiones e imágenes
como de ensueño,
flotando en la memoria,
te deleitan, entonces,
y te confortan.

Fiel intérprete de lo que yo mismo
siento, escribo estos versos
por amor, porque ambos sabemos
—si es cierto que todo se acaba—
que en medio del dolor
inmenso de la vida,
por más que el sufrimiento y la injusticia
estén ahí y nos angustie
el umbral último y nos atormente
comprender, entre tú y yo, al menos, hubo
algo que tuvo sentido, que hizo
que verdaderamente
sintiéramos que estar aquí
valió la pena.

Porque existe el amor
—ya lo sabemos ambos—,
aunque estés lejos, te sientes muy próxima;
porque lejos y cerca
—esto es ley que el amor sanciona—
no es la distancia
material entre dos
seres humanos, sino la distancia
a que se encuentran
cuando en un mismo lugar duermen
y están tumbados.



5-30 de Marzo de 2015

lunes, 16 de febrero de 2015

Poema VII

ENSOÑACIÓN







Abandonarnos una noche a solas
en un lugar blando, apacible y quieto;
y enlazarnos despacio:
poner mi mejilla sobre tu pecho
—mientras, tú me acaricias en la nuca
enredando los dedos—,
y mirar en lo obscuro fijamente
con los ojos muy llenos.
¡No de lágrimas!, no...
Llenos de un brillo templado y sereno,
a orillas de lo tierno y de lo dulce,
en el mar de lo inmenso y de lo eterno.

Y que pasen así largas las horas:
los dos muy juntos, muy nuestros, muy quietos;
escuchando atentos y sin palabras
la melodía que llevamos dentro;
esperando que llegue el nuevo albor
y bañe nuestros cuerpos.



Julio de 1987

sábado, 27 de septiembre de 2014

Poema LV

LA CIERVA HERIDA







¿Cruel por qué nos causa la muerte espanto
si lo que en verdad mata es el olvido?
¿Por qué no recordar lo ya vivido
no nos llena de duelo y de quebranto?

Decir que «no me acuerdo» es casi tanto
como negarle el ser a lo que ha sido.
¡Y es tanto lo que yace ya perdido
de la nada absoluta bajo el manto!

Oculta o fugitiva en la espesura
si fuiste cierva herida o no lo fuiste
sólo en ti la verdad vive segura.

Yo insisto en la ilusión que me cautiva
y a riesgo de vivir cuando no existe
tu imagen vivirá mientras yo viva.



23-24 de Octubre de 2001

lunes, 20 de agosto de 2012

Poema LXIII

MATERNIDAD

A Belén





Una muñeca de improviso
que se arroja a tu regazo
—ojillos, brazos hacia ti
que te imploran o que anhelan—
y en su necesidad o en ese acceso
irreprimible de ternura
obtiene pronta
recompensa: el abrazo
y la caricia o beso de unos labios
que pronuncian: "Mi muñeca".

Muñeca que se acoge a tu regazo,
chupa, pausada, el pulgar
—todavía es muy pequeña—
mientras observa el orbe diminuto
desde el mejor acomodo
y el más dulce que existe en el jardín
de sus tibios ensueños infantiles.

¡Cuántos soles, lunas y planetas,
niñita, para entonces!

Con sus lecciones el dolor
en cada acción y el placer
con su espléndido atractivo,
cuánta risa y cuánta lágrima,
cuánto daño y cuánta dicha
traerán a tu existir.

¿Gozarás en huerto ameno
las dulces mieles del amor?

¿Sentirás la acerba herida?

Tras placeres y dolores
¿gustarás el fruto
amoroso y cierto
de tu unión?

Tú no dejarías a tu muñeca
en cariñosas manos mercenarias
por egoísmo —¡cuántos tesoros
desperdiciados
a cambio de unas monedas!—
o —valiente sacrificio,
linda abnegación—
de todo lo que es
absolutamente superfluo
para que no le falte de nada,
¿verdad?

Tras muchos soles, lunas y planetas
veo una muñeca
que se arroja a tu regazo
—brazos hacia ti— y recibe
el abrazo requerido
y el efusivo beso de unos labios
que pronuncian: "Mi muñeca".

Y ella chupa su pulgar
mientras mira el orbe
desde el mejor acomodo
que existe en el jardín
de los sueños infantiles.



12 - 14 de Febrero de 2004

miércoles, 12 de octubre de 2011

Poema XLVI

Pasaron los días de miel y de rosas.

¡Qué dulces pasaron!

Su suave recuerdo
se deshace en mi boca.



2 de Junio de 1998