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miércoles, 15 de mayo de 2024

Poema LXXXIV

...sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
(Anónimo, Romance del prisionero)





La última flor de la pasiflora.
Quién me iba a decir,
entre la exuberante profusión
de capullos, vástagos y renuevos
que surgían, con ímpetu
primaveral, excediendo el límite
de la cerca, augurando un progresivo
e inminente estallido
de belleza; que esa flor señera,
la única flor de la pasiflora,
la primeriza, sería la última;
la más temprana, la última flor.

La leve ilusión, la emoción ligera,
pero muy viva, con que acerté a verla
entre la verde y pujante espesura
me recuerda cuán frágil, cuán efímera
fue mi expectativa, y qué fugaz es
la belleza, no ya la de por sí
breve hermosura de todas las flores,
cuya existencia —la de cada una
en particular— no puede ser larga,
sino la belleza latente en todo
cuanto vive y alienta.

Tras una espera confiada y tranquila,
salvados ya el otoño y el invierno,
nada hacía presagiar que la flor
primera que me ofrecía, obsequiosa,
la pasiflora sería la única
que alcanzaría a ver; que no vería
el verdor de sus hojas nunca más,
ni ninguna flor hermana; que tuve
el privilegio de ver una flor
primeriza, acaso la más temprana,
con la nostalgia —el encanto— de ser,
tal vez en mi recuerdo para siempre,
la última flor de la pasiflora.



28 de abril-24 de mayo de 2024

viernes, 27 de septiembre de 2019

Poema LVII

... y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
(Antonio Machado, Retrato)





Por tu gran crueldad
quemé los puentes y hundí
todas las naves
haciendo voto de jamás volver,
consciente de que nunca
vendrías a buscarme.

Lucía en la tarde un azul
asombrosamente limpio y luminoso,
y, al dejarte, sentí el oleaje
en la superficie del mar de mi alma
cesar, como en el océano cuando,
pasado el temporal, la calma se hace.





Enero - Febrero de 2002

viernes, 22 de junio de 2018

Poema LXXXI

Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai per una selva oscura...
(Dante, Divina Comedia)





Cada nuevo alumbramiento señala
el inicio de una ruta en el tiempo
que siempre acaba,
y eso es el fin.

En medio del camino, con angustia,
me detengo ahora. Si miro
hacia atrás, compruebo
cuán presto pasó todo:
los años de la infancia,
que eternos parecían;
la adolescencia,
de confusa indolencia y extraviada;
la juventud vibrante
de plenitud y energía.

Si hacia delante miro,
con estupor y espanto
constato que no es
mucho más, a lo sumo,
para llegar al término
lo que me falta;
que ya pasé la cúspide;
que hacia un oscuro
y misterioso abismo,
sin variación posible,
voy de bajada.

Después de haber andado
siguiendo, como en sueños, el fulgor
distinto de una estrella,
me parece mentira
que se haya de romper
el idilio, que tenga que llegar
un día en que, para mí, nunca
vuelva a haber
sueño o realidad.

En medio del camino
me detengo ahora. A un lado
y a otro —demorándome
en cada objeto— miro:
todo me parece más nítido
y hermoso —como si lo viera
recién creado
o rodeado de una atmósfera
más límpida y pura— bajo la luz
prístina y triste
de una dulce, amorosa
y larga despedida.



Mayo de 2016 – Junio de 2018

sábado, 3 de marzo de 2018

Poema LVI

DISTANCIA







No es ilusión, tal vez, pensarte
atravesando el mar
o en un lugar apartado,
hospitalario y remoto, a muchos
cientos, acaso miles de kilómetros.

Toda la dicha consistiría entonces
en saber o imaginar que tú me piensas
igual que yo te estoy pensando.
Que a un tiempo ambos percibimos
la misma música recóndita;
la inaudible,
no la que escuchan todos
vibración del aire en movimiento,
dulce y placentera, pero pobre
como único recurso
para compartir el mismo espacio,
aunque la ofreciera
la misma Euterpe
o un nuevo Orfeo reencarnado.

No hay música capaz de reemplazar
a aquella música.

Ni existe nada que distanciar pueda
a dos que en el secreto de sí mismos
se están al unísono pensando.



Noviembre de 2001

lunes, 21 de marzo de 2016

Poema LXV

A Miriam






Perro puedo ser airado y rabioso
ladrando al sol, a solas, o a la luna;
lamiendo mis heridas una a una,
ser el can más doliente y más quejoso;

mas no has de ver mi estado lastimoso,
ni oír palabra enojosa, ni importuna
protesta de mis labios, ni ninguna
prueba más de que al cabo estoy celoso.

Mi amor —que es orgulloso, pero humano—
condena tu desvío y pone en mí
la culpa por no haberte pretendido;

atento a la verdad, ha enmudecido:
no puede reclamarte para sí
ni como el perro ser del hortelano.



1 de Diciembre de 2006

martes, 11 de octubre de 2011

Explicación del poema "Los adioses"

Este post tiene una función primordialmente didáctica. Mi intención es que sirva de ayuda para cualquier persona que esté interesada o tenga curiosidad por conocer la interpretación que yo, como poeta y autor, le doy a un poema en concreto, es decir, cuáles son las claves que facilitarían la correcta comprensión de dicho poema.

domingo, 2 de octubre de 2011

Poema LXII

LOS ADIOSES

Triste un poso de amargura
no ha de ser, no,
el despojo
de una imagen bienamada.

Nunca la ilusión
que el tiempo y la distancia
poco a poco desvanecen
porque sigue de la vida
el latir
con un ritmo renovado y cadencioso,
o que —mayor crudeza— de golpe
se disipa ante los ojos
con tocar sólo el ideal
fantasma, fábrica del sueño;
nunca, por más que mares y montañas
se interpongan; conveniencias;
cerval miedo, inexplicable o soterrado;
indoblegable orgullo o tesón mutuo
en el absurdo o imposible
que es negarse; no,
por mucho que del alma se apodere
la probabilidad abrumadora
de estar o haber estado
absolutamente sola en la contienda,
nunca ha de ser
—aunque definitivamente
nunca pueda ser— la ilusión
triste despojo.

Hay que amar ante la misma tumba
hasta el polvo y las reliquias
de un amor,
si no es por lo que ya no es,
por lo que ha sido
y lo que ya te ha dado;
joya o alhaja singularísima
que, si es discreto, el verdadero amante
vive atesorando.



Noviembre de 2003