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miércoles, 16 de marzo de 2022

Poema XIV







Clava en tu pecho un puñal,
hecha sal sobre la herida,
se ríe de tu dolor,
¿y aún suspiras?

¡Oh cruel condición
del amor y su misterio!

Roba tu eterna sonrisa,
hace pedazos tu alhaja,
arrasa en llanto tus ojos,
¡y aún le amas!



24 de Enero de 1988

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Poema LXXIX

EL MAGO







Como un mago extrayendo,
tal vez, del fondo
de su chistera
una blanca paloma
del público presente
ante la atónita
mirada. Así me siento.

Hay que ver el prodigio
y cuánto pueden
—incluso yo me admiro—
de un roce el espejismo
en el instante justo
y la ilusión
de dos palabras mágicas
sobre un atormentado,
menesteroso y tierno
corazón.



11 de noviembre de 2015

domingo, 4 de octubre de 2015

Poema XXXII







Cuando se muere uno ¿qué pasa?

Cuando uno muere
ya no respira
ya no se mueve
su carne
se pone fría

domingo, 2 de agosto de 2015

Amor y razón

La irracionalidad preside con demasiada frecuencia los actos de los amantes. Amamos a pesar de o teniendo perfecta conciencia de que no deberíamos o que no nos conviene.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Poema LV

LA CIERVA HERIDA







¿Cruel por qué nos causa la muerte espanto
si lo que en verdad mata es el olvido?
¿Por qué no recordar lo ya vivido
no nos llena de duelo y de quebranto?

Decir que «no me acuerdo» es casi tanto
como negarle el ser a lo que ha sido.
¡Y es tanto lo que yace ya perdido
de la nada absoluta bajo el manto!

Oculta o fugitiva en la espesura
si fuiste cierva herida o no lo fuiste
sólo en ti la verdad vive segura.

Yo insisto en la ilusión que me cautiva
y a riesgo de vivir cuando no existe
tu imagen vivirá mientras yo viva.



23-24 de Octubre de 2001

lunes, 14 de mayo de 2012

Al borde de lo humano y lo divino

El misterio es consustancial a la poesía, tanto como a lo sagrado. Para la expresión verbal de los misterios de su doctrina, el hagiógrafo, el brahmán, el imán, el sacerdote o gurú de cualquier creencia religiosa se sirve de una poética, usa, en clave poética, un código más o menos accesible a la hora de intentar transmitir los axiomas de su fe.

lunes, 27 de junio de 2011

Poema LXIV

ELOGIO DE LA LUZ

Qué oculto designio ignoro, qué azar,
qué misterio o qué prodigio, visible
o invisible qué voluntad, qué cúmulo
o sucesión o confluencia feliz,
qué cifra necesaria, qué difícil
equilibrio hizo posible que hoy,
ente sensible, esté yo aquí, criatura
que piensa y que se asombra porque existe.

Tuvo que haber un instante primero
—único, primordial, maravilloso
aunque ajeno al dolor no fuera—,
una primera percepción,
el concebir primero de una imagen
en la mente: la claridad primera
que iluminó mi ser.

Entre este instante
y el último,
en el extremo opuesto de la vida,
¿qué habré sido? me pregunto, después
de todo; y en seguida,
distanciándose
lo justo, me responde,
muy segura y honesta, la razón:
«Un punto breve de luz
habrás sido
luciendo imperceptible
entre la inmensa muchedumbre
que oscuro puebla el firmamento;
destello efímero
para la infinitud
—para la eternidad— donde residen
por siempre, indisolubles,
el tiempo y el espacio».

Sé que ha de haber un instante preciso
en que jamás mi conciencia disponga
de un nuevo instante,
y que entonces, cuando se extinga
hasta el menor rescoldo,
de cuanto fui
no ha de quedar apenas nada:
tan solo ausencia, sempiterna
ausencia y polvo de ceniza.

Me admira, sin embargo,
y me conmueve,
aquí y ahora, constatar
—si, en efecto, es un fuego mágico
y perdurable
que a través de sí mismo en la materia
prende frágil y caduca la vida—
cómo habré sido
chispa que se convierte en débil llama,
llama que en lo interior se nutre,
y poco a poco crece, y se transforma,
y de algún modo siempre permanece
en un perpetuo —más
o menos vivo e inflamado—
afán de subsistencia o plenitud.




Viva llama que recibí un buen día
a condición de arder una vez sólo,
preciosa luz
que por mucho que brille
y se mantenga
en un soplo se apaga para siempre:
tanta fragilidad
y fugacidad tanta
no hacen
sino que se acreciente tu hermosura.



Enero – Mayo de 2005