domingo, 2 de agosto de 2015

Amor y razón

La irracionalidad preside con demasiada frecuencia los actos de los amantes. Amamos a pesar de o teniendo perfecta conciencia de que no deberíamos o que no nos conviene. Indudablemente, no elegimos estar enamorados, es algo que ocurre. En cualquier momento, sin previo aviso, podemos darnos cuenta de nuestro enamoramiento; o pasar de la manera más inesperada del odio al amor, o del amor al aborrecimiento.

Porque

El corazón tiene razones que la razón no entiende.1

En efecto, este célebre pensamiento de Pascal expresa admirablemente la paradoja y explica a la perfección tantos comportamientos aparentemente inexplicables, opuestos al buen sentido o ajenos al propio interés y a la razón de los que amanHenri Matisse, Still Life with Pascal's Foto: © Sharon Mollerus. No escasean los ejemplos de quien incluso fue capaz de dar su vida por defender la integridad o permanencia de un sujeto cualquiera —ya sea persona, animal o cosa y, por encima de todo, una idea— a quien amaba2. Y quien dice dar la vida, dice igualmente cualquier muestra de renuncia, sacrificio y abnegación a las que muchas personas se ven abocadas no más que por seguir el impulso o el dictado de ese órgano al que alude Pascal en su sentencia, en donde, sin mucho rigor científico, tradicionalmente situamos el motor de todos nuestros afectos.

Porque, digámoslo ya de manera nítida y precisa, dos motores hay que inducen todos nuestros actos y les dan sentido como seres humanos: el amor y el interés. La acción combinada de ambos impulsos o la ausencia e inoperancia de uno u otro determinan —junto con factores e imponderables como el azar y la circunstancia, que intervienen sin el concurso de nuestra voluntad— el avance o retroceso, en cuanto entes sociales, de la humanidad en su conjunto o de cada individuo en particular.

Así pues, a mi modo de ver, siempre que quepa preguntarse por qué una persona, teniendo libertad de elección, ya sea en una situación de lo más banal o estando en juego el curso de su existencia, ha hecho esto y no aquello, si pudiéramos penetrar en sus entrañas lo suficiente, hallaríamos que lo hizo empujado por uno de estos dos motores o que en su decisión prevaleció el impulso de uno de ellos.

Ad marginem, por Paul Klee. Kunstmuseum Basel.Y no es que le asista mayor razón al hacer una cosa o la contraria, sino que tanto el amor como la razón propiamente dicha se rigen por un sistema distinto de valores y están sometidos a leyes distintas, de manera que, ante un problema dado, para resolver un dilema o salir de una encrucijada, la respuesta habrá de ser, necesariamente, distinta. Por lo tanto, un acto que parezca locura a los ojos del interés será perfectamente lógico y tendrá sentido a los ojos del amor y viceversa; sólo que habitualmente son más las personas «sensatas» que lo ven todo desde la óptica del interés que aquellas tocadas por la gracia del amor. Para la persona que hace una «locura» por amor probablemente los locos sean los otros. No entro a valorar cada sistema ni enjuicio sus leyes, probablemente ambos sean necesarios y a lo largo de una vida convenga servirse de ellos a discreción; me limito a establecer y hacer notar la diferencia.

En resumidas cuentas, Pascal tenía razón: existe una razón, la del amor, que la razón estricta no puede entender porque la lógica del amor se desenvuelve en un universo propio donde hay leyes y se obedecen principios, si no opuestos, diferentes.

Me importa que quede esto muy claro —de ahí mi insistencia— porque me he propuesto defender en este espacio algunas ideas en torno a las cuales difícilmente podría argumentar si no es teniendo en cuenta esta premisa. Por consiguiente, quien de buena fe desee acompañarme en mis divagaciones deberá dejar de lado, cuando proceda, la razón, digamos, más convencional y admitir las posibilidades de un amoroso razonar. De otro modo será difícil que me siga y pueda llegar a admitir afirmaciones del tipo «el amor nos hace más libres» —aludiendo una idea que empieza a ser recurrente en este blog— o «podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirme rey de un espacio infinito»3, por citar una frase al pelo, de las que abundan en literatura, muy de mi gusto, carente de toda lógica en apariencia y contraria a la razón.


  1. Pascal, Penseés
  2. Pensemos que toda una fe religiosa como el cristianismo, que a lo largo y ancho de la Historia ha marcado las vidas de tantos millones de seres, está basada en el sacrificio personal que Dios, hecho hombre, consumó por amor a la humanidad.
  3. William Shakespeare, Hamlet, segundo acto, escena VIII.

9 comentarios:

Yolanda dijo...

Me reservaba mi opinión, no sobre el amor y la razón, (me queda claro que difícilmente podrán hacer equipo en ciertas cuestiones) sino por la afirmación que me causó tantísimas dudas, pero leyendo de nueva cuenta sus textos, llegué exactamente a la misma conclusión, espero explicarme de la mejor manera posible.
Sé, (y no mencionaré todos por falta de conocimiento) que existen diferentes tipos de amor, bueno sólo usaré tal vez dos o tres (porque según mi opinión usted se encuentra en una de estas situaciones y por supuesto, yo estoy en otra muy diferente).
La irracionalidad se encuentra presente en todas, de una manera positiva y en otras no tanto.
Existe una situación amorosa muy difícil, es un amor que se vive a escondidas, algo así como Romeo y Julieta, que, por cualquier tipo de impedimentos no pueden estar juntos, en un caso así, creo yo que difícilmente afirmarían sentir algún tipo de libertad, aun así son afortunados por corresponderse en su sentimiento.
También existe (¡gracias a Dios!) el amor plenamente correspondido, ese que vive usted y lo menciona entre el segundo y el tercer párrafo de “El amor ¿nos hace más libres? (porque supongo que antes tenía una idea diferente) dice:
“Desde que el amor dio un giro a mi existencia “
También en su escrito de “Cuando el amor acaba”, lo hace notar casi como una condicionante, (que la verdad, yo pasé por alto) después de dar una explicación muy buena del amor donde lo califica como una ilusión (que debe renovarse) dice:
“mientras dicha ilusión se mantenga, es capaz de proporcionarnos la mayor felicidad. Esto último, por supuesto, siempre y cuando se trate de un amor felizmente correspondido”.
Y por supuesto, yo perdiendo el tiempo en algo que usted ya había aclarado, sólo que donde debiera trabajar (ejemplo de uno de mis hermanos) el binomio “emisor/receptor” si el receptor está distraído o mejor dicho obstruido, la comunicación será nula, por más que el emisor se desgaste en ejemplos.
Ahora sé lo que lo induce a afirmar que “El amor nos hace más libres”, está enamorado y como diría mi abuela “y bien correspondido”, razón amorosa más que suficiente.
Ahora le toca el turno a otro tipo de amor, aquel que no es correspondido, ese se instala en nosotros y se queda por un buen tiempo sin razón y sin invitación, la verdad produce tantos requerimientos insatisfechos que podría ser casi una pesadilla, nace del asombro y se nutre de ilusión ficticia; por poner un ejemplo, (ejemplo que me pareció de lo más agraciado pues me lo dijo mi sobrina más pequeña) como la luciérnaga que está perdidamente enamorada de una estrella, en este caso convendría usar la razón más convencional ( como la nombra usted) para que se impusiera y cortara de tajo estas fantasías. Aquí no existen amantes que tengan que elegir bien o mal, simplemente porque no hay nada que elegir, es sólo la imaginación de un individuo deslumbrado por algo que intuye, un ideal inexistente e inalcanzable a distancia.
La libertad en esta situación será desprenderse de este enamoramiento, que como ya había mencionado anteriormente es una ilusión muy invasiva y terca.
Usted vive una situación muy afortunada que lo posibilita para afirmar cualquier razonamiento amoroso que considera compartir con los demás (que si lo hace, los afortunados somos los que le leemos, espero no nos niegue este placer).
Quiero pensar que al mencionar la cita “Podría estar encerrado en una cascara de nuez y sentirme rey de un espacio infinito” es gracias al amor que lo habita y le mantiene la mente y el alma completamente libres.
La irracionalidad de los amantes (de alguna manera esto se escucha atractivo) es tonta y demente para los seres “sensatos” que observan desde fuera, afortunada para los que comparten esta “locura” y envidiada por los que al no tener contraparte, solo pegamos la nariz a la vidriera.
Saludos

Carlos Hernández dijo...

Muy extenso comentario, Yolanda, pero se lee con fluidez, se nota el tiempo que se ha tomado; y se agradece. En alguna ocasión anterior la escritura tenía un aspecto tan caótico y deslavazado que, la verdad, no la entendía muy bien y no se me ocurría nada que contestar.

Creo que aún no me ha comprendido completamente —aunque esté en el camino—, sobretodo porque permanece anclada en ciertos prejuicios que la razón "convencional" le dicta y le impiden admitir que se pueda sentir más libre, en cualquier circunstancia, gracias al amor, aunque, por ejemplo, se trate de un amor no correspondido. Mi experiencia reciente no hizo más que acrecentar mis dudas, créame, porque una relación de este tipo conlleva no pocas obligaciones y no está exenta de servidumbres; que, por otro lado, se llevan bien, qué duda cabe.

Recuerde que mi afirmación es que nos hace más libres, no necesariamente más felices, el amor. Obviamente, si es correspondido, el grado de satisfacción debería ser mayor, naturalmente, pero, en mi opinión, la condición salutífera y beneficiosa, esencialmente "liberadora", del amor puede cumplirse en cualquier caso, dependiendo de la predisposición y estado mental de la persona.

Sobre esto me gustaría hablar en una nueva entrada, si encuentro el momento y las palabras precisas.

Saludos.

Yolanda dijo...

Carlos, creo que lo puse en aprietos al leer mi “comentario”, nunca fue mi intención ser tan confusa en un tema que necesita bastante convicción y certeza para exponerlo, no necedades y cerrazones.
Menciona que no sabía que contestarme por el texto (como le dice usted “caótico y deslavazado”), más aun así, lo hizo, soy yo la que agradece su atención.
Sobre la predisposición de la que habla, realmente deberé trabajar en ella, aunque acerca del estado mental, bueno, sobre ese no le prometo nada.
La nueva entrada que posiblemente elabore, ojalá encuentre el momento adecuado para hacerla, porque las palabras precisas, sinceramente sé, que siempre están con usted.
Saludos.

Carlos Hernández dijo...

Insisto en que su primer comentario se lee muy bien; aunque sea extenso, se comprende estupendamente. Al decir "caótico y deslavazado" me estaba refiriendo a algún comentario de una publicación anterior que, en efecto, ha quedado sin contestar.

Necedades no he visto por ninguna parte y lo que usted llama cerrazones quizá no sean otra cosa que convicciones arraigadas en ciertos prejuicios, tan comunes, que se corresponden con lo que cree la inmensa mayoría. Es por ello que le agradezco su confianza y sólo espero hallar la suficiente elocuencia para que se posibilite un cambio y que ese sentimiento que hoy tal vez le genera angustia y sufrimiento se convierta en algo más saludable y beneficioso. Este sería mi deseo; que lo consiga o no ya no depende del todo de mí.

Saludos.

Yolanda dijo...

Angustia y sufrimiento, si, algo hay de eso, lo que pasa es que se siente algo de poder seductor sobre este asunto; debe uno encontrar el principio del asombro que generó el sentimiento y manejarlo más naturalmente, ni idealizarlo, ni considerarlo negativo, sino algo normal que es común que suceda en la vida de cualquier persona, donde tal vez, se esté ejercitando su razonamiento, (es más fácil decirlo que hacerlo, pero se puede, con voluntad).

Carlos, le entendí desde la primera vez, sólo que tuve alguna pequeñísima duda, pero para mí fortuna, usted es bueno insistiendo en sus opiniones.

Cuando escribe, los demás esperamos.

Saludos.

Mónica de la Fuente del Teso dijo...

Buenas Carlos, me gustaría en primer lugar felicitarte por tu atrevimiento al llegar a la conclusión de que el amor nos hace más libres, sin duda yo siento esto, más libre porque en mi caso me siento más feliz, pero no amando necesariamente a un igual, sino a la naturaleza, la propia soledad buscada... En éste caso en plenitud diría que el amor me hace más libre.

Por otro lado, no creo que deba dejarse todo a la arbitrariedad de lo irracional cuando hablamos del amor que tenemos con un igual, esto podría por ejemplo llegar a justificar a veces incluso malos tratos, desgraciadamente tan de moda en nuestra realidad cotidiana, y que mientras recibimos muchos con asombro, hay trabas para acabar con él, algo que parece absurdo, como si la sociedad siguiera en la edad de piedra. Para mí, el amor, tiene una razón fundamental cuando es correspondido, ahí sí me he sentido dichosa y por ende libre como dices tú, de otro modo, el amor, a mi juicio, nos puede hacer mucho daño, y se muestra con la soledad, en éste caso no deseada, que nos lleva a sufrir. Lo irracional estoy de acuerdo que existe, porque no se entiende que personas sin quererse permanezcan juntas y esto sucede a menudo, pero ese auto engaño creo yo que es racional y se nutre de la cobardía, gracias por tu blog, sigue escribiendo, merece la pena, un abrazo!.

Carlos Hernández dijo...

Hola, Mónica, mucho tiempo sin pasarte por aquí, me alegra que te hayas animado nuevamente.

En primer lugar, me llama la atención la insistencia con que te refieres a la pareja como «un igual»; parece una expresión más apropiada para el lenguaje jurídico que el amoroso. En mi opinión, perdona si me equivoco, denota cierta inseguridad por tu parte, como si tuvieses necesidad de irlo recalcando. En efecto, todos somos iguales ante la ley, pero, afortunadamente, cada persona es distinta, y en el amor esto es una suerte.

No recuerdo haber recomendado en ningún momento que hubiera que dejar todo «a la arbitrariedad de lo irracional», aunque creo, con San Agustín, en el «ama y haz lo que quieras», porque nadie que verdaderamente ame a su pareja va a maltratarla como sugieres en tu comentario, antes bien, esa actitud irracional sólo puede proceder de una mente enferma que disfrace como amor sus pasiones y trastornos, como el lobo del cuento al disfrazarse de cordero. Hablando de irracionalidad, el amor no tiene la exclusiva.

Es cierto que el amor no correspondido nos puede hacer mucho daño, pero ¿te has preguntado alguna vez si a cambio de ese dolor no se recibe algo y si no es preferible el amor, aunque nos duela, a una vida sin amor? En último caso siempre te quedará «la naturaleza y la propia soledad buscada» y tantas otras cosas dignas de amarse, incluso, si llegaste a mantener una ilusión viva y vigorosa por otra persona, siempre te quedaría París, ¿no es cierto?

Gracias a ti, y recibe un abrazo, igualmente.

Mónica de la Fuente del Teso dijo...

"llaneza, muchacho, no te encumbres" (el Quijote); sin duda me expliqué mal en el comentario, efectivamente me refería con "amor hacia un Igual", amor hacia una pareja, como bien entendiste, y que por otro lado en la relación de pareja que vivo, como las ya pasadas, nunca me he sentido ni más ni menos que mis parejas, sino igual a ellas, y como dices, menos mal que todos somos diferentes, sino no podríamos aprender nada nuevo y sería un aburrimiento.
Por cierto, ¿para cuándo París Carlos?...

Carlos Hernández dijo...

Nada tengo que añadir al tema de los iguales, Mónica; sin duda te explicaste mal, y aunque, en efecto, te había entendido, de este modo tuviste ocasión de poder rectificar, lo cual siempre es positivo.

En cuanto a París, ahora mismo siento que lo estoy viviendo; sólo espero que me dure, con la confianza de que, ocurra lo que ocurra, siempre me quedará la dicha de tener un «París» que recordar.

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