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miércoles, 1 de noviembre de 2023

Poema XXVI

PRELUDIO







En la noche solitaria un violín llora un son agudo y profundo. Desgarrado y melancólico, el violín vierte un lamento profundo en el duelo silencioso de una noche revestida del misterio indescifrable y espantoso de un horror hondamente presentido. Su lamento se repite y reconforta corazones encogidos por la pena y el dolor. Los compases arrancados uno a uno por el arco infatigable traspasado de pesar, uno a uno se repiten en la noche silenciosa como un llanto melancólico y profundo, tan agudo y desgarrado que hasta el cielo entristecido se ha deshecho en una lluvia que es llorar.

Noche cerrada. De la nada surgido entre las sombras parece el lamento agudo, profundo y desgarrado que repite infatigable un violín.


Llueve, muy menudo,
sobre la tierra.

la Tierra.




1989? 1990?

domingo, 16 de enero de 2022

Poema XXV

TRISTE







En aquella ventana
reclinada se está.

En aquella ventana
una niña morena
de carita rellena.
Sus ojillos de pena
no parecen mirar.

En aquella ventana
reclinada se está.

Tiene fijos los ojos.
Con su pena en los ojos
está inmóvil.
Sus ojos
no parecen mirar.

En aquella ventana
tras el limpio cristal.



1989? 1990?

miércoles, 20 de enero de 2021

Poema XLIV

AMOR Y DESEO







Me daña el deseo
de lo que no tengo
no, sino
de lo que no amo.

Mientras te amo
me duele tu ausencia,
sí,
pero no hace daño.



Diciembre de 1997

domingo, 3 de enero de 2021

Poema X







Noches de frío invierno:
a más de frías, agrias;
a más de agrias, tristes;
a más de tristes, largas.

Pasan como de invierno
los días sin mi amada:
como sus noches frías,
agrias, tristes y largas.





Agosto de 1987

domingo, 26 de julio de 2020

Poema LXXXII

A mi padre.





No importa el tiempo transcurrido.
Seguirás siendo el zagalillo
siempre. En tu mirada, en tu caminar
de hoy mismo, octogenarios,
el andar y la mirada percibo
de aquel zagal, muy niño,
solito entre las peñas,
siguiendo a los borregos
como un cordero más,
con una extraña mezcla
de hombría prematura
e inofensiva,
conmovedora candidez.

Tu andar era el mismo —el de entonces
y el de ahora—, aunque fuese
mucho más segura tu planta,
cuando, más adelante,
mejoraron las cosas
y en los días duros de nieve
no se reblandecían ya
tus pies —cubiertos sólo
con el abrigo humilde
de unos leguis y unos trapos
sobre las míseras albarcas—
ni le echabas carreras a la luna,
si se te hacía tarde
al regresar a casa, y el carea
era leal e inseparable.

Tu mirada era la misma
—por más que estuviese avezada—
cuando pasaste a ser pastor
y te quedaste solo
con el bagaje
de tu experiencia en el manejo
y la custodia del ganado,
en todo momento pendiente
de su bienestar, dispuesto a hacer
cualquier sacrificio, cualquier esfuerzo
—también la vista gorda—
con tal de saciar su apetito.

Si fuera el prodigio posible,
maravilla de poder verte
—oculto entre unas matas,
al amparo de una mole
de granito, detrás
de una encina o, como invisible
espíritu, flotando—
en la dehesa o en el monte,
por veredas, caminos o cañadas,
en el barbecho o en lo que fue sembrado,
estoy seguro que vería
el mismo andar, ligeramente
bamboleante, y el mirar mismo
(chispa, tenue brasa que allá en el fondo
se aviva y luce en tus pupilas),
los cuales, desde que tengo memoria
de ti, recuerdo.

Si es ahora más fatigado
tu caminar —puesto que arrastra
con los achaques y los años—,
no es por diferenciarse más,
estoy seguro,
del ágil movimiento
de tu fornida juventud,
sino por parecerse más
al inocente paso
de aquel zagal, muy niño,
solito entre las peñas,
con unos leguis y unos trapos
sobre las míseras albarcas,
resuelto a ganarle a la luna
en la carrera y demandando
a Guerra, el carea, siquiera
unas migajas
de compañía y amistad.

Seguirás siendo siempre el zagalillo.
Lo percibo en tu andar
octogenario, lo vislumbro
en el frecuente brillo
de tu mirar cansado.

Seguirás siéndolo mañana
y en el postrer aliento,
y mucho más tarde. Seguirás siendo
el zagalillo mientras haya alguien
que te recuerde
o te piense, como yo ahora, siempre.



11 de julio de 2020


  1. NOTA: Como bien puede deducirse de la lectura del poema, mi padre, Serapio Hernández, se inició muy pronto —aún no había cumplido 7 años— en el oficio de pastor, y en ello estuvo hasta el momento de irse a la mili con veintiún años de edad. Yo siempre supe que había sido pastor y alguna cosa me había contado a este respecto, pero no fue hasta que me vi implicado en la publicación del libro El Zagalillo que no adquirí un mayor conocimiento de esa larga e intensa etapa de su vida. Habiéndose impreso y publicado, en efecto, en el año 2003, yo mismo, recientemente, lo he digitalizado con objeto de ampliar su difusión, por expreso deseo de mi padre, que quisiera rescatar del olvido en lo posible una forma de vida que conoció en plenitud y que ha ido sucumbiendo, gradualmente, en aras del progreso, o víctima de ese fenómeno que devora todo lo que de genuino hay en los pueblos y que hemos dado en llamar globalización. Quienquiera que lo desee puede descargar estas «Memorias de mis años de pastor: tal como éramos» de forma completamente gratuita en formato de libro electrónico o en PDF:

sábado, 11 de abril de 2020

Poema XXVII







Largo es el día

¡Qué poco dura!

Noche tras noche

La noche oscura




Largo es el día y la noche
Larga es la noche y el día

Larga es la espera
La espera es fría

Largo es el día


¡Qué poco dura la dicha!
¡Cuán breve se hace el placer!
¡Qué pronto pasa el encanto!
¡Cuán triste quedo otra vez!

¡Qué poco dura!


Noche tras noche
Vino la dicha
Noche tras noche
La pude ver

Noche tras noche
Vino la angustia
Noche tras noche
Cuando se fue

Noche tras noche


La noche oscura
tan misteriosa
La noche oscura
La intimidad
La noche oscura
Vagos fantasmas
Irrealidad


La noche oscura






Mi soledad



6 de Marzo de 1990

lunes, 16 de julio de 2018

Un escritor bohemio

Hace poco que la trayectoria vital de un hombre, una persona para mí desconocida, se cruzó por breve tiempo con mi propia trayectoria. Desde que coincidimos a la entrada del portal y le abrí con mi llave hasta que le volví a ver un poco más tarde no habría pasado ni media hora; luego, cuando llamó a la puerta, estuvimos un rato hablando en el umbral. En total, menos de una hora en la desmesurada suma de todas las horas que ambos hemos vivido, que en mí produjo una honda conmoción.

jueves, 6 de abril de 2017

Poema IV

Y ES QUE TENGO UNA CORAZA...




Y es que tengo una coraza
que se nutre del dolor,
dolor que clava y que maza
para aumentar su grosor.

Grosor que aumenta y aumenta,
encallece y cicatriza,
donde nada se desliza
sin que por dentro lo sienta.

Por eso la capa dura
se refuerza y regenera,
por eso crece y madura
de un nuevo daño a la espera.

Por eso la capa fuerte
se resiste a ser quebrada:
porque no llegue la muerte
a rozar su resguardada...

Resguardada y protegida
como la sagrada llama,
que se mantiene con vida,
que protegida se inflama,

que si un mal viento la toca
cuando no está bien cubierta
a muerte cierta se aboca,
y si insiste, queda muerta.



Junio de 1987

domingo, 1 de enero de 2017

Poema XVII

CINCO MINUTOS




(El pajarillo cantor)

—Tengo cinco minutos
antes de que llegue
la inquieta hora
que se vuelve
ligera
siempre.

SEGUIDILLA DEL AIRE INDISCRETO

«No porque las jornadas
se hagan despacio
al final el camino
será más largo:

quien va más lento
al final del camino
queda más lejos.»


(Un vegetal)

—Cinco
minutos.
Todavía
cinco minutos
vacíos e inmensos.
Faltan cinco minutos
(que son segundos trescientos)
para que la nocturna luna
de luciente y helado bostezo
se quede inmóvil sobre el cielo mismo
de las blancas almas velando los sueños.



27 de Abril y 16 de Junio de 1988

domingo, 31 de enero de 2016

Poema LXVI

BELLA IMAGEN

¡Qué inmensa gratitud a quien nos hace sentir así, vivir así, querer así!
(Pedro Salinas, Cartas a Katherine Whitmore)





Lo mejor que tú me has dado
no es materia.

Vive sólo en el recuerdo.

Y no, no es materia...
ni siquiera en el recuerdo.

¿Es delirio o fantasía,
espejismo que el deseo
origina y al cual
la imaginación da forma?

Pero ¿acaso tiene forma?

No, lo más hermoso que me has dado
—verdad o quimera—
carece de forma,
es una imagen sin forma
—visión, intuición—
que en mi memoria persiste.

Diversas imágenes
más o menos claras y precisas,
actitudes, hechos, circunstancias
recordadas o vividas,
cifra son, reflejo o consecuencia,
reconocible e indirecta
expresión,
vaga seña o muestra ambigua
de aquello, lo más valioso
que, siendo sueño o realidad
vívida, esperanza cierta
o imposible anhelo,
tú me has dado.

Abrazos, besos, caricias;
una dulce intimidad;
la unión de los cuerpos placentera;
¿cuánto valen y qué son
sin algo así, tan precioso,
como aquello que aún perdura
—victoria sobre el tiempo—
en mi mente como imagen?

Que la sociedad sanciona
estrechos lazos; continua
o intensa o tranquila convivencia;
promesas y juramentos,
propósitos, lealtades,
compromisos,
¿cómo pueden, en el corazón
del largo invierno, garantizar
que aquello, lo más hermoso,
—claridad visible o inapreciable,
palpitante promesa primaveral—
permanece
del secreto en la guarida?

Cuando todo se lo lleva el gran tirano,
si de una vez no, muy poco a poco;
si completamente nadie
ajeno hay al fingimiento,
y mismas las cosas a menudo
mienten su apariencia;
si es la vida impredecible
e incesante devenir,
si todo es mudanza,
¿cómo ver o confirmar
la amada presencia?,
¿cómo saber que sigue allí,
en su centro y hogar, en su sagrado
aposento, en su morada
—segura, por fortuna, inviolable—,
si no es en un acto de fe pura,
principio del bien amar?

¡Qué belleza y qué ironía
que una imagen, idea sin forma,
en la caverna sombra sin cuerpo,
fino destello o rayo de luna,
de todo cuanto en el mundo existe
sea lo único que nos permita,
siquiera un instante, constatar
que aún la esperanza es posible
y que no es verdad que estemos tan solos!

Bella imagen, tiene hermosos
mensajeros —de tu voluntad
clave— que como aves vuelan
vulnerando del tiempo y el espacio
ley estricta; ligeros y leves,
del sutil correo portadores,
vuelven, una y otra vez,
hasta la imaginación
que crea o evoca
a traerme aquello, tan valioso
—lo mejor que tú me has dado—,
que no es materia, que vive
en el recuerdo, verdad
o quimera, sueño
o realidad, promesa
y esperanza o fantasía
y delirio, aquello,
lo más caro que me diste,
con discreta gentileza,
por la estafeta del viento.



Enero de 2008

lunes, 6 de julio de 2015

Poema I

ENTRE PENA Y PENA







La sonrisa tierna en su cara helada,
el cuerpo reposando sobre el lecho,
el corazón retumbando en el pecho
y la mente a una imagen consagrada.

Un absurdo le enturbia la mirada,
que permanece firme sobre el techo;
es una turbación que, sin derecho,
se acomoda en sus ojos despistada.

De puro tímida escapar no quiere,
y al estar hecha a la melancolía
no logra entender que el placer no hiere,

que el amor también consta de alegría.
Suicida por vocación, salta y muere,
tras banal pestañeo, parca y fría.



¿Primavera de 1986?

lunes, 15 de octubre de 2012

Poema XLI

SOLEDAD AMANTE







Mientras te habito,
esposa y fiel amante,
luz y daño, sombra y gozo,
dulcemente, se reparten.

Mi corazón
tan pronto, cruel, has roto
simulando un abandono,
como al poco lo has llenado,


tierna y nutricia,
límites traspasando
—si límites él tolera,
de sí libre, enajenado—


con tu fingido
regreso y tu presencia.



Septiembre de 1994

domingo, 14 de octubre de 2012

Amor y soledad

No es tan terrible estar solo. Nada tiene de terrorífico, en sí mismo, el hecho de hallarse a solas en las más diversas circunstancias o en uno u otro lugar. Lo verdaderamente terrible y angustioso, aquello capaz de causar espanto e inquietud sin límites en nuestra alma, es el sentimiento íntimo y subjetivo de la soledad