Clava en tu pecho un puñal,
hecha sal sobre la herida,
se ríe de tu dolor,
¿y aún suspiras?
¡Oh cruel condición
del amor y su misterio!
Roba tu eterna sonrisa,
hace pedazos tu alhaja,
arrasa en llanto tus ojos,
¡y aún le amas!
24 de Enero de 1988
Clava en tu pecho un puñal,
hecha sal sobre la herida,
se ríe de tu dolor,
¿y aún suspiras?
¡Oh cruel condición
del amor y su misterio!
Roba tu eterna sonrisa,
hace pedazos tu alhaja,
arrasa en llanto tus ojos,
¡y aún le amas!
24 de Enero de 1988
Si las estaciones se suceden,
al oscuro sufrimiento y frío
le sigue brillante un despertar,
gozo y percepción de los sentidos,
madurar alegre en ese estado
donde mirar
es siempre agradecido.
Ilusión que es un bien tan real
como fruto jugoso y maduro,
de la fuente el fluir permanente
o del Sol surgimiento oportuno;
plenitud que sacia sin empacho,
inmarcesible
riqueza, caudal siempre seguro.
Crece el gusto opreso en la belleza,
y esta en cárcel transitoria vive.
Poder servirla
es ansia que libera.
6 de Noviembre de 1996
En aquella ventana
reclinada se está.
En aquella ventana
una niña morena
de carita rellena.
Sus ojillos de pena
no parecen mirar.
En aquella ventana
reclinada se está.
Tiene fijos los ojos.
Con su pena en los ojos
está inmóvil.
Sus ojos
no parecen mirar.
En aquella ventana
tras el limpio cristal.
1989? 1990?
Me daña el deseo
de lo que no tengo
no, sino
de lo que no amo.
Mientras te amo
me duele tu ausencia,
sí,
pero no hace daño.
Diciembre de 1997
Noches de frío invierno:
a más de frías, agrias;
a más de agrias, tristes;
a más de tristes, largas.
Pasan como de invierno
los días sin mi amada:
como sus noches frías,
agrias, tristes y largas.
Agosto de 1987
A mi padre.
No importa el tiempo transcurrido.
Seguirás siendo el zagalillo
siempre. En tu mirada, en tu caminar
de hoy mismo, octogenarios,
el andar y la mirada percibo
de aquel zagal, muy niño,
solito entre las peñas,
siguiendo a los borregos
como un cordero más,
con una extraña mezcla
de hombría prematura
e inofensiva,
conmovedora candidez.
Tu andar era el mismo —el de entonces
y el de ahora—, aunque fuese
mucho más segura tu planta,
cuando, más adelante,
mejoraron las cosas
y en los días duros de nieve
no se reblandecían ya
tus pies —cubiertos sólo
con el abrigo humilde
de unos leguis y unos trapos
sobre las míseras albarcas—
ni le echabas carreras a la luna,
si se te hacía tarde
al regresar a casa, y el carea
era leal e inseparable.
Tu mirada era la misma
—por más que estuviese avezada—
cuando pasaste a ser pastor
y te quedaste solo
con el bagaje
de tu experiencia en el manejo
y la custodia del ganado,
en todo momento pendiente
de su bienestar, dispuesto a hacer
cualquier sacrificio, cualquier esfuerzo
—también la vista gorda—
con tal de saciar su apetito.
Si fuera el prodigio posible,
maravilla de poder verte
—oculto entre unas matas,
al amparo de una mole
de granito, detrás
de una encina o, como invisible
espíritu, flotando—
en la dehesa o en el monte,
por veredas, caminos o cañadas,
en el barbecho o en lo que fue sembrado,
estoy seguro que vería
el mismo andar, ligeramente
bamboleante, y el mirar mismo
(chispa, tenue brasa que allá en el fondo
se aviva y luce en tus pupilas),
los cuales, desde que tengo memoria
de ti, recuerdo.
Si es ahora más fatigado
tu caminar —puesto que arrastra
con los achaques y los años—,
no es por diferenciarse más,
estoy seguro,
del ágil movimiento
de tu fornida juventud,
sino por parecerse más
al inocente paso
de aquel zagal, muy niño,
solito entre las peñas,
con unos leguis y unos trapos
sobre las míseras albarcas,
resuelto a ganarle a la luna
en la carrera y demandando
a Guerra, el carea, siquiera
unas migajas
de compañía y amistad.
Seguirás siendo siempre el zagalillo.
Lo percibo en tu andar
octogenario, lo vislumbro
en el frecuente brillo
de tu mirar cansado.
Seguirás siéndolo mañana
y en el postrer aliento,
y mucho más tarde. Seguirás siendo
el zagalillo mientras haya alguien
que te recuerde
o te piense, como yo ahora, siempre.
11 de julio de 2020
Largo es el día
¡Qué poco dura!
Noche tras noche
La noche oscura
Largo es el día y la noche
Larga es la noche y el día
Larga es la espera
La espera es fría
Largo es el día
¡Qué poco dura la dicha!
¡Cuán breve se hace el placer!
¡Qué pronto pasa el encanto!
¡Cuán triste quedo otra vez!
¡Qué poco dura!
Noche tras noche
Vino la dicha
Noche tras noche
La pude ver
Noche tras noche
Vino la angustia
Noche tras noche
Cuando se fue
Noche tras noche
La noche oscura
tan misteriosa
La noche oscura
La intimidad
La noche oscura
Vagos fantasmas
Irrealidad
La noche oscura
Mi soledad
6 de Marzo de 1990
—¿Por qué no suena ya
en casa del poeta
la flauta? ¡Era tan dulce,
conmovedora e intensa
su sencilla melodía...!
—Ha muerto, ha muerto el poeta.
—¡Que ha muerto!... ¿De qué ha muerto?
—No sé, no hay quien lo sepa.
.............................................................................
Me siento atribulado...
Dime, ¿cuándo lo entierran?
Anhelo ver su tumba
y echar sobre la tierra
unas pocas de lágrimas
y las flores más bellas...
¡Dime si vendrá pronto
la hora amarga y funesta!
¿Cuándo lo enterrarán?
—No sé, no hay quien lo sepa.
Sin fecha.
Día tras día
para ir a la gran urbe
temprano te levantas.
Ni un solo día
te olvidas de pedirme
que te desee suerte
cuando te marchas.
Consciente del poder
de las palabras mágicas,
«ánimo y suerte»
te deseo, ansiando
que puedas conjurar
esas tormentas
que contra ti promueves
queriéndote anular.
¿Sin conocerlo,
en tu interior no hallaste
aquello que buscabas?
¿Una luz nueva
que al cabo de los años
alumbra y justifica
tu vida entera
no has descubierto al fin?
Frágil y vulnerable,
ni un solo día
te olvidas de pedírmelo.
Tú, que por la fortuna
que has encontrado
deberías dar gracias.
31 de Mayo - 11 de Junio de 2018
Recuerda, dice el Poeta, recuerda
estos instantes de dicha.
Recuérdalo cuando venga.
Aunque en verdad tasa no tenga,
nunca olvides que el dolor
su límite halla en el tiempo,
su final que siempre llega.
Recuerda estos instantes
cuando vuelva.
De aterradora cohorte
cabalgando a la cabeza,
un manto tétrico
de nubes negras
extenderá por todo
allá donde tus ojos
alzar pretendas.
A porfía
los funestos jinetes de su corte
en ti harán presa.
Recuerda esta dicha.
Recuerda este momento,
con qué complacencia evocas
la armonía y equilibrio en las esferas
que cantara Fray Luis.
Recuerda esta cadencia,
y cómo todo reluce,
y qué límpida atmósfera
te rodea.
Recuérdalo.
En tu interior
muda inquietud se agita,
cordial plenitud te llena;
lo visible te complace,
presientes la belleza
que por doquier asoma,
y te seduce
la menor presencia.
Recuérdalo cuando vuelva.
Sonriente y escéptico
el filósofo replica al poeta:
¿Combatir un Espanto ilusorio
con una Quimera?
24 de Agosto de 1998
Este sintagma, «el fin del mundo», asociado a un cuantioso número de profecías apocalípticas, durante milenios ha bastado para llenar de espanto a muchos de nuestros antecesores, cuando el ser humano, como especie hegemónica en el planeta, aún carecía de potencial para llevar a cabo semejante hazaña.
Hurtándoselo al tiempo y a la historia
el triple dulce son del instrumento
prosigue su artificio.
Las tres voces concertadas
con fluidez se funden
en difícil contrapunto,
ágilmente construyendo
la recurrente o progresiva
geométrica estructura, calculada.
Sin poder sustraerme
a las señas indudables de su siglo
que la música comporta,
sin esfuerzo, casi sin proponérmelo,
traigo a la memoria
el recuerdo imagen difusa
de aquellos días y aquellos versos...
Pienso en Dante y Beatriz
y en la Laura perenne de Petrarca.
El sonido me transporta
como a pájaro en el aire
mientras me adentro en la atmósfera y el aroma,
la etérea tibia luz,
paraíso intemporal
no exento de dolor
dulce sufrir
que sólo un hombre
pueril e irremisiblemente
enamorado
puede hallar entre las páginas
singulares de La Vita
Nuova y, antes aun,
del Canzoniere.
22 de Febrero de 2001
Y es que tengo una coraza
que se nutre del dolor,
dolor que clava y que maza
para aumentar su grosor.
Grosor que aumenta y aumenta,
encallece y cicatriza,
donde nada se desliza
sin que por dentro lo sienta.
Por eso la capa dura
se refuerza y regenera,
por eso crece y madura
de un nuevo daño a la espera.
Por eso la capa fuerte
se resiste a ser quebrada:
porque no llegue la muerte
a rozar su resguardada...
Resguardada y protegida
como la sagrada llama,
que se mantiene con vida,
que protegida se inflama,
que si un mal viento la toca
cuando no está bien cubierta
a muerte cierta se aboca,
y si insiste, queda muerta.
Junio de 1987
Hace pocos días, mientras divagaba en torno a la condición «ilusionada» de la vida humana, no podía ni por asomo imaginar que mis afirmaciones eran «una justificación estupenda para la implantación del derecho a la eutanasia».
La íntima confesión que tú me has hecho:
estar tumbados
en este confortable
lecho —que procuramos
ambos; que espontáneamente
calentamos, siquiera
sin tocarnos, cuánto más con el roce
y la ternura de los cuerpos— es
delirio y placer, sensación
dulce y amable
que te acompaña siempre.
En el trabajo incluso, dices,
estando a solas —y no importa
con cuánta gente alrededor—
revives estos
momentos,
la calidez de estar
juntos, sintiéndonos
uno al otro en la placidez
del lecho blando y espacioso.
Impresiones e imágenes
como de ensueño,
flotando en la memoria,
te deleitan, entonces,
y te confortan.
Fiel intérprete de lo que yo mismo
siento, escribo estos versos
por amor, porque ambos sabemos
—si es cierto que todo se acaba—
que en medio del dolor
inmenso de la vida,
por más que el sufrimiento y la injusticia
estén ahí y nos angustie
el umbral último y nos atormente
comprender, entre tú y yo, al menos, hubo
algo que tuvo sentido, que hizo
que verdaderamente
sintiéramos que estar aquí
valió la pena.
Porque existe el amor
—ya lo sabemos ambos—,
aunque estés lejos, te sientes muy próxima;
porque lejos y cerca
—esto es ley que el amor sanciona—
no es la distancia
material entre dos
seres humanos, sino la distancia
a que se encuentran
cuando en un mismo lugar duermen
y están tumbados.
5-30 de Marzo de 2015
Vivir es estrechar
Vínculos
Crear vínculos
Arcanos amores
Amores al viento
Sonoros amores
Amores más quedos
Rabiosos amores
Amores funestos
Prisiones
Cadenas que prenden ausencias
Nudos y eslabones
Cordeles sutiles recuerdos sujetan
Lejanos amores
A m o r el primero
Amor sin enmienda
Amor fresco, ingenuo
Saetas
Sutiles saetas que llagan secretas
Heridas que fueron y nunca se cierran
Cerradas heridas
Heridas que llegan
Amor que con fuego y dolor unifica
Unión que el dolor santifica
Livianos amores revuelan las veces
Efímeros cantos un punto resuenan
Mañana se olvidan
Fugaz contrapunto de gratas presencias
Feliz sucesión que llega y no llaga
que llega y rellena
que colma ligera
Cuerpos nuevos
Caras nuevas
Ligeros
Amores, uno en cada puerta
Uno en cada esquina
Cada calle
Cada plaza
Humanidad
entera
Cada senda
Cada valle
Cada loma
Cada piedra
Cada ser
Presencia divina
Cada amante
Cada amado, cada amada
Se estrechan
Son los vínculos
Se estrechan
Padre Madre
Cielo Tierra
Árbol Nieto
Nube Huella
Amigo
Amante
Esposa
Abuela
Hijo Hija
Uno a Uno
Los amores
Ciervo
Niño
Dulce
Estrella
Son los vínculos
que se cierran
Joya blanca
Blanca esfera
Tez
Voz
Simple presencia
Son los vínculos
Los amores
Los dolores
Son los vínculos que nos unen a la tierra
que nos unen
que nos llenan
que nos llagan
que nos llevan
Los amores
Vínculos
Saetas
Prisiones
Vivir es estrechar vínculos
Prisiones
21 de Diciembre de 1991
Si hay algo que distingue al hombre del resto de seres vivos es su capacidad de raciocinio. Gracias a esta habilidad para manejar ideas y conceptos, el ser humano, haciendo uso del lenguaje y con ayuda de la experiencia, adquiere conciencia de sí mismo y pronto está en disposición de formularse preguntas sobre todo lo que le rodea, incluyendo su propia existencia.
Tiemblo como una hoja
de pensar que soy ligero
como una hoja,
de pensar que soy tan frágil
como una hoja,
de pensar que voy al viento
como una hoja
(tiemblo si no estás tú).
Tiemblo cuando no encuentro
a mi vida un sentido:
cuando la densa noche
oscurece el camino
sepultando las huellas
y expandiendo un gemido...
Tiemblo si no estás tú
porque sé que estoy perdido
si no estás tú,
porque nada vale nada
si no estás tú,
porque ya no soy el mismo
si no estás tú
(tiemblo como una hoja).
15 de Junio de 1988
«No se tenga por verdadero amante quien no confiese sufrir o haber sufrido por causa de la persona amada, y, asimismo, nadie espere celebrar la más alta dicha del amor ni alcanzar sus maravillosos dones sin pagar antes o después su peaje de dolor y probar su pasión y su tormento».
Todos los niños tienen una tortuga en algún momento. Pero nadie la puede conservar. A fuerza de intentarlo sin parar finalmente un día escapan y se van... lejos, a algún lugar.
(John Steinbeck, Las uvas de la ira.)
Terquedad de tortuga,
lenta y sin pausa.
Por mucho que tropiece
nunca se cansa.
Si sembrado de obstáculos
halla el camino,
antes que a la razón
sigue a su instinto.
Si un peligro la frena,
entra en su concha;
cuando es ido, a su empeño
siempre retorna.
Rampas y desniveles
no la amedrentan:
aunque exista algún riesgo,
ella lo intenta.
Con el caparazón
vuelto de espaldas,
hasta no enderezarse
nunca descansa.
¡Oh, firmeza del ir
siempre adelante,
fracaso tras fracaso,
sin inmutarse!
Yo no sé si es amor
lo que la mueve,
pero la adversidad
no la detiene.
Con humilde paciencia
e inmensa calma
donde muchos se afligen
forja esperanzas.
La tortuga me impulsa,
muda, y me anima
a olvidar pesadumbres
y amar la vida.
20-24 de Octubre de 2011
Además de poseer un apreciable talento para la talla en madera, como bien puede comprobar cualquiera que visite el blog de sus obras, mi padre, Serapio Hernández, es autor de un libro
donde vierte las memorias de sus años de pastor, refiriendo multitud de anécdotas, los pormenores del oficio y muchos de los usos y costumbres que imperaban en la España rural de los años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil.
Cumplidas sus expectativas con respecto a la primera edición impresa de esta obra y habida cuenta del tiempo transcurrido (Junio de 2003), permite ahora su descarga libre y gratuita, y que se comparta (ver licencia Creative Commons) en formato de libro electrónico (ePub)
o también, para quien así lo prefiera, en formato PDF (generado automáticamente a partir del libro electrónico).
Administrador del Blog y autor de los poemas y de las entradas:
Móstoles, MadridESPAÑA
(La licencia permite reproducir los textos originales en cualquier medio digital siempre que no sea con fines comerciales, a condición de que dichos textos no sufran la menor modificación y de que se atribuyan debidamente al autor con un enlace directo hacia la entrada que corresponda o, en su defecto, hacia la página principal del Blog. Para cualquier otro uso, como sería, por ejemplo, en un medio impreso, se precisa la autorización expresa y por escrito del autor.)
Si lo deseas puedes visitar mi otro Blog dedicado a la
Allí podrás ver las magníficas tallas que ha realizado mi padre, SERAPIO, y leer los textos que yo mismo he redactado para ilustrar y acompañar a las tallas a medida que son presentadas.
Este blog debe su existencia a la gentileza de
Blogger