miércoles, 16 de septiembre de 2015

Libertad del alma

Nuestro rey es el espíritu; mientras éste está a salvo, las demás facultades cumplen con su deber, obedecen, lo secundan; cuando flaquea un poco, también ellas vacilan.
(Séneca, Epístolas morales a Lucilio.)

Aun en las peores circunstancias el alma es libre para amar. El espíritu no admite mayor sujeción que la que nosotros mismos, de manera consciente o inconsciente, le impongamos. Con todo, el hecho de que nuestra alma esté indisolublemente unida a un cuerpo, de que seamos una combinación de carne y espíritu, nos hace seres dependientes, sujetos, aunque sólo sea por los cambios e interacciones a que está sometida la materia, a las más diversas necesidades y contingencias, criaturas en el fondo —quién más, quién menos— siempre frágiles y vulnerables.

The quiet pet, por GodwardParece natural, por tanto, que las posibilidades de dar rienda suelta a nuestra ánima aumenten en proporción al grado de apaciguamiento y satisfacción que experimentemos con respecto a la realidad más material e inminente; si las cosas nos van bien y la vida se desarrolla para nosotros en un entorno favorable, nuestro espíritu, en ausencia de preocupaciones y amenazas, debería disponer de mayor libertad y autonomía para poder alzar el vuelo. Pero no siempre es así.

Al igual que ocurre con el dinero, que no garantiza la felicidad, las condiciones más ventajosas para la independencia del espíritu no aseguran su emancipación. El espíritu depende mucho más de sí mismo, de su propio estado y disposición, que del resto de factores externos y ambientales. Éstos coadyuvan al propósito y facilitan la tarea de quien desea ser libre proporcionándole una ruta despejada, carente de obstáculos e impedimentos, pero esto último de nada le sirve al espíritu falto de aspiraciones, cegado por la ignorancia o los prejuicios o desprovisto de valor.

El grito, por Edvard MunchPor otro lado, es muy difícil, aun con el ánimo más dispuesto, no sucumbir ante el dolor o la injusticia, permanecer ajenos a una realidad que se nos muestra adversa o, en suma, no desalentarse cuando vienen mal dadas o somos víctimas de un mal, cualquiera que sea su índole o naturaleza. Hallar un hueco por donde elevar nuestro espíritu en tales circunstancias puede ser complicado, pero no imposible, porque, como he afirmado anteriormente, nuestra alma no depende tanto de lo material y externo como de sí misma, siendo así que su alimento o combustible, imprescindible para alzar el vuelo, no ha de hallarlo fuera de sí, sino en su interior.

La felicidad, como la libertad del alma, no dependen del lugar que ocupemos en el mundo, aunque el lugar que ocupamos en el mundo, indudablemente, pueda prestarse más o menos al cumplimiento de nuestras ansias.El vagabundo sobre el mar de niebla, por C. D. Friedrich La libertad del alma depende primordialmente de cómo nuestro ser consiga asimilar ese alimento del cual se nutre principalmente, el único con capacidad para hacerla ascender por encima de todas las miserias humanas. Todo depende de eso. Si eres capaz de amar, aunque sólo sea un instante, cualesquiera que sean tus circunstancias, remontarás el vuelo y serás libre en la medida que hayas usado eficazmente de tus alas. No importará tanto si vives encerrado en una cáscara de nuez o si puedes viajar hasta mucho más allá del confín del horizonte, si eres rico o pobre, si estás solo o acompañado, si eres joven o viejo, si estás sano o enfermo... Será más fácil en un caso o en otro, no lo discuto, aunque en todos los casos, para saber la verdad, sería preciso no fijarse en las apariencias, sino penetrar en el corazón de la persona.

6 comentarios:

Yolanda dijo...

1/2

Siempre me ha admirado con qué claridad expone un tema, y me sigue asombrando como sin ningún tipo de rebuscamientos lo explica sin que me quede duda alguna, exceptuando, claro, cierta afirmación anterior, que al día de hoy, terminé por digerir.

Su explicación es más que buena para mí, lo cierto es que, en ocasiones, nos encontramos un poco más perdidos de entendimiento por tropiezos sentimentales que nos salen al paso, sin previo aviso.

Realmente creo que somos una combinación de carne y espíritu frágiles y vulnerables como usted explica, pero también me di cuenta que podemos generar sentimientos fuertes, poderosos e insistentes; como si no conociéramos nuestra verdadera y frágil materia.

Yolanda dijo...

2/2

La fortaleza que creo, nos dejan estos sentimientos (si es que uno tiene buen ojo para darse cuenta) una vez pasado el “tempestuoso estado limerente”, es, saber de qué manera podemos amar; si esto es el alimento de nuestra alma, creo que mi alma está muy bien alimentada.

Es muy satisfactorio para mí el descubrir de qué manera y en qué medida puede uno amar, no sin haber pasado por dos o tres berrinches que ayudaron algo en el duelo, sin mencionar también al buen tiempo, que ayuda bastante.

De otros escritos que leí, (entre ellos poemas, que dejé de lado, por cierto, por no contribuir a aclarar mis ideas, sino todo lo contrario) pláticas que escuché sin contribuir en ellas, las palabras más coherentes y cálidas están en su blog, no todas las personas tienen la capacidad para tener empatía con sus semejantes, eso deberá ser un talento particular y exclusivo, por eso creo que aquí vendría bien una cita literaria, como las que usted usa,

Aquello que sale del corazón, lleva el matiz y el calor de su lugar de origen.
Oliver Wendel Holmes (1809-1894) Poeta y médico estadounidense.

Carlos Hernández dijo...

Es muy reconfortante, de verdad, encontrar una lectora que exprese su satisfacción por el resultado de lo que uno escribe en los términos en que usted lo hace. Más aún cuando uno mismo se dedica a colgar sus escritos en la red sin demasiadas expectativas de interesar a nadie, un poco por desahogo y como ejercicio saludable, en un intento de dar forma y concreción a las ideas que le bullen en la cabeza. Si, además, sirven a alguien, si compruebo que para alguien han supuesto un aporte positivo, imagínese mi contento.

He de decir que la claridad de expresión, al menos en mi caso, no es algo gratuito ni del todo espontáneo; me esfuerzo por escribir con sencillez y no me resulta fácil, por lo que, si algún mérito debe atribuírseme, sería la tenacidad y la constancia con que me entrego a la expresión de mis ideas.

No recuerdo haber tropezado con el término "limerente" en toda mi vida, así que, antes de apresurarme a calificarlo de rebuscado, me he enterado de su significación y me parece muy a propósito en el contexto de su comentario. La experiencia puede ser muy dura. Yo pase por ello muy pronto —en el umbral de la adolescencia— sin conseguir la ansiada respuesta. Sufrí mucho y no me pesa. Considero que al menos una vez en la vida todo el mundo debería pasar por la experiencia, porque es mucho lo que se aprende y se sale reforzado, con un conocimiento más preciso del significado de la palabra amar. Luego, ese significado puede ampliarse saliendo de ese ámbito limitado hasta convertirse en aquello que da sentido a nuestro estar en el mundo. Espero que este sea su caso y, si no, no desespere, sepa que la solución a todo esto, una vez más, se encuentra en uno mismo.

Muy hermosa la cita del poeta y médico estadounidense.

Gracias.

Yolanda dijo...

Lo que usted escribe es interesante y sustancioso, y la verdad que si esto lo hace como ejercicio, pues entonces creo que no sólo deberá tener un alma muy nutrida sino también una mente bastante en forma, cosa que no podemos decir de otros (incluyéndome).

No pareciera que le cueste trabajo escribir como lo hace, ¿dudará tal vez al escoger el tema o la fecha de publicación? Sigo pensando que es un talento muy particular, yo lo siento muy natural, muy a gusto, porque, como dice, son todas ideas que bullen en su cabeza, ya están ahí, solo debe decidir qué es lo que nos quiere compartir.

No hace mucho que supe del término “limerencia”, y me pareció una palabra que sonaba bonito, pero al saber que significaba (si no se manejaba bien la situación) algo de obsesión sentimental, supe que no sería tan conveniente pasar por ella, incluso, una de mis amistades así describió la situación que vivía en ese momento;… nunca se lo dije, pero pensé que “yo, jamás estaría en esa situación”. [Esta es una lección extra: Nunca decir “nunca”].

Es bueno pasar por experiencias de éste tipo, como bien dice usted, quedamos un poco sensibles, pero al mismo tiempo nos conocemos más y nos sensibilizamos con otros, después de todo, no sólo se madura cumpliendo años, sino superando lo que la vida nos presenta y sí, nuestra visión se amplía con respecto a este sentimiento y su fuente, nosotros somos la fuente o quizá, como le comenté en una ocasión anterior, (pero refutándolo, caso contrario en este momento) el amor ya habita en nosotros; puede tener un objetivo en donde reposar, o no, pero ahí está, y creo que “libertad” puede ser muy bien, una forma distinta para nombrarlo.

Me complace que haya encontrado de su gusto la cita literaria que usé, porque yo también la considero muy bonita y perfectamente apropiada.

No es necesario que me agradezca… “al pan, pan y al vino… “, pero, de nada.

Carlos Hernández dijo...

Por supuesto que dudo, y no sólo al escoger el tema. Respecto a la fecha de publicación, es lo de menos…, vamos, que no me preocupa, aunque intento que no pase demasiado tiempo entre una publicación y otra. Luego hace falta que encuentre tiempo y tenga ganas, porque puedo llegar a ser muy perezoso. Si no fuera por usted, por ejemplo, si no me hubiese planteado algunas objeciones, es muy probable que no hubiese escrito los últimos textos. A los que tendemos a caer en la indolencia no nos viene mal un poco de estímulo de vez en cuando. :)

Primera lección cuando uno se inicia, tal y como yo lo entiendo, en la maravillosa senda del amor: siempre tiene un objetivo donde reposar, empezando por el simple hecho de estar vivos, de poseer el precioso don de la existencia. Cuando no hubiere otro objeto, el solo acto de despertar cada mañana y ver la luz debiera ser bastante aliciente para nuestro corazón. Por otro lado, no me gusta identificar amor y libertad como si fueran sinónimos, aunque, entrecomillado y usado como uno de los múltiples apelativos que le cuadran, vale.

En consonancia con lo dicho, insisto en agradecer.

Yolanda dijo...

Si con mis objeciones tuve la suerte, de que por ellas, publicara las últimas entradas a su blog, entonces me encantaría objetar de nuevo.

Realmente no creo que sea pereza lo que siente, más bien, diría yo, que es distracción sobre nuestros gustos, porque primero están nuestras actividades diarias, obligaciones escolares, laborales, familiares, etc., y todo esto es bastante, entonces: ni indolencia, ni pereza, sólo falta de tiempo.

Sé que usted es bueno en insistir así que… de nada, fue un placer. : )

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