jueves, 3 de octubre de 2013

Poema LXXV

NOCTURNO







Nadie sabrá
que te he querido
—es triste—, que esta madrugada
apareciste aquí de pronto,
traspasando el umbral, movida
de irresistible impulso
—con un ojo cerrado y otro abierto,
el pelo alborotado,
los brazos extendidos,
arrastrando los pies
con cierta mezcla de premura
e indolencia—, hasta llegar
a mis brazos.

Y no habrá quien recuerde
cuánto me has amado; cómo a deshora,
de madrugada,
te he despertado
y al poco rato has ido, insomne,
y me has buscado
en una estancia iluminada y próxima,
donde yo estaba; cómo te he abrazado
un prolongado instante
con indecible amor, sin dar
espacio al deseo —pudor
para bajar las manos—,
y ambos hemos pronunciando, abrazados,
en un susurro, sucesivamente,
las palabras mágicas que conjuran,
infalibles, en nuestro idioma
temores y ansiedades
de auténticos amantes.

Transcurrirán años, siglos, milenios,
acaso miles de milenios
plagados de acontecimientos,
de alternado esplendor y decadencia,
antes de que la humanidad
—y con ella su memoria— se extinga.
Para entonces el sol,
la luna y las estrellas
proseguirán su ciclo y el planeta
continuará girando.

Nadie recordará
—y es triste— que tú y yo
nos abrazábamos
esta madrugada, con indecible
amor, durante un prolongado instante,
conjurando, con dos palabras mágicas,
todos los temores; ajenos,
por un instante,
a cuanto había
bajo el sol, las estrellas y la luna.



21-30 de Septiembre de 2013

4 comentarios:

ANTONIO MARTÍN ORTIZ. dijo...

Sencillamente sublime y sugerente al máximo: Sólo quien ha vivido lo que ha vivido puede expresar lo vivido con tanta sensibilidad. No me es extraño este poema, porque yo mismo he pasado por esos trances. Como dijo Terencio:

Homo sum: humani nil a me alienum puto.
[Hombre soy: nada de lo humano lo considero ajeno a mí mismo].
(Heauton timorumenos, 77)

Felicidades, amigo Carlos, y enhorabuena para Mónica.
Un a brazo para ti, y otro, más cariñoso, para ella.

Antonio

http://www.hs-augsburg.de/~harsch/Chronologia/Lsante02/Terentius/ter_haa1.html

Carlos Hernández dijo...

Querido amigo, este poema, como es lo suyo, nace de una acuciante necesidad de expresión y supone un acto de comunicación, primero con mi pareja, a quien está destinado, y luego con el resto de mortales que tengan a bien leerlo y puedan sentirse identificados —como, al parecer, es tu caso— o alcanzar a sentir, al menos, en alguna medida, la emoción aquí expuesta. Aunque, una vez publicada, el destino de esta obrilla escape a mi control, me alegra comprobar que consigue despertar algo en tu interior, que contigo, en fin, la comunicación, de algún modo, se ha hecho efectiva.

Lo que ya me parece bastante más peliagudo es qué has querido decir con que le tienes que dar a Mónica un abrazo más cariñoso. A este respecto, no sé si conoces la anécdota de Vargas Llosa y García Márquez, cuando aún eran grandes amigos y el primero consideró que el segundo se estaba comportando un poco de más cariñoso con su esposa.

Recibe un fuerte abrazo, y vaya otro igual de cariñoso para Ana.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ. dijo...

Bien, amigo Carlos. En primer lugar te diré que me encanta tu comentario y, por supuesto, sobretodo esa ironía y elegancia al compararme con los ilustres García Márquez, al que admiro, y Vargas Llosa, el que no me cae bien, por su ideología política, demasiado derechona, a mi modesto entender.

Te voy a explicar lo del abrazo cariñoso, o más cariñoso, para Mónica. Se entiende que quiero expresar que el abrazo para Mónica debe ser más cariñoso, diferente, que el digirido a ti. Pasa que yo me he educado a la antigua, sin haber sido nunca capaz de entender ni asimilar la que podríamos llamar Revolución Zapaterista de los roles sexuales, sobre todo esos Matrimonios Inter Homines o Inter Mulieres, de los que siempre he pensado que son Contra Naturam, aunque, por supuesto los respeto.

En este sentido es normal que a ti, como buen amigo, te envíe un abrazo, para también lo es, creo yo, que sea diferente al que le envío a Mónica, porque no es lo mismo abrazar a un hombre que a una mujer: son cosas diferentes. Pero, no te preocupes, que yo soy un hombre con una buena Educación y que sabe estar adecuadamente allí donde esté.

Puedes tener la seguridad de que no vas a tener ni necesidad ni ocasión, ni siquiera motivos, para darme ese puñetazo que le propinó Vargas Llosa a García Márquez. Y es que, como la cabra siempre tira al monte, tendrás que reconocer conmigo que yo, sabiendo de  tus cualidades innumerables, sea más sensible a las que estoy seguro que tiene la que tiene la suerte y el placer de compartir sentimientos, pensamientos, y muchas cosas más contigo.

Y ahora, para evitar equívocos, te envío a ti, amigo Carlos, un afectuoso saludo, y para Mónica, mis respetos y  “a sus pies”. Saludos también para Don Serapio, al que siempre admiraré, y cuya vida guarde Dios muchos años

Antonio

Carlos Hernández dijo...

Estate tranquilo, amigo Antonio, que ni por un solo instante se me había pasado por la cabeza la posibilidad de llevar a cabo una acción como la de Vargas Llosa. En primer lugar porque confío plenamente en mi pareja, sé que ella me ama y que es, además, una mujer de principios, incapaz de vivir con la conciencia de haber cometido una mala acción. En el tiempo que llevamos juntos me ha dado suficientes pruebas de su integridad a este respecto.

En segundo lugar, ese tipo de actitudes nunca han ido conmigo. Ante una infidelidad nunca he reaccionado de manera violenta. Por muy agudo que fuera el dolor (y créeme que en el pasado tuve alguna experiencia en extremo dolorosa) mi reacción ha sido siempre de rabia contenida más que de cólera, y, si he deseado matar, no ha sido a la persona ingrata (o al acompañante), sino a mi amor por ella. Si yo amo a alguien y me es infiel creo que no merece la pena luchar, comprendo que donde no hay amor no puede haber fe. Mi pensamiento siempre ha sido ¿para que voy a estar con alguien que no me ama? Creo que lo más digno y sensato en una situación de este tipo es hacer mutis por el foro, borrón y cuenta nueva y esperar a tener más suerte en la siguiente ocasión.

Fíjate en la anécdota de los nobeles hispanoamericanos. Si Vargas Llosa hubiera procedido discretamente, a estas alturas nadie hablaría del tema; sin embargo, su impulso violento y vehemente unido a su popularidad ha vuelto el asunto de dominio público, con miles de resultados por búsqueda en Internet.

Ya lo dijo Montaigne en uno de sus célebres ensayos:

"El carácter de los cuernos es indeleble; una vez que se le pega a alguien, es para siempre. El castigo lo descubre más que la falta. Es bonito ver arrancar de la sombra y de la duda nuestros infortunios privados para pregonarlos en escenarios trágicos"

Hay cosas que es peor cuanto más se remueven.

Perdóname el bromazo, amigo mío. Me ha encantado tu reacción. No esperaba menos de ti. No cambies nunca.


Un afectuosísimo abrazo.

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