sábado, 15 de noviembre de 2014

Sucesores de nosotros mismos

Sí, vamos madurando imperceptiblemente, y al igual que no podemos leer dos veces el mismo libro —porque quien lo lee por segunda vez es distinta persona y ve en él, objetivamente, algo distinto—, si retomamos cualquier proceso —llámese literario, artístico o creativo—Kandinsky, Murnau, casas en el ObermarktWassily Kandinsky © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza que implique cierta autoría y nuestro propósito es modificarlo, embellecerlo o, en resumidas cuentas, concluirlo, nos exponemos, al cabo de un tiempo, a suplantarnos en la consecución de tal fin, actuando como una suerte de sucesor de nosotros mismos, que partiría, probablemente, desde una posición ventajosa, contando con un mayor bagaje y experiencia, pero condenado, por mucho que se empeñase, a comunicar a su obra algún rasgo del estilo y la impronta propios del momento actual de su trayectoria, tanto personal como artística. Lo cual no tiene porqué ser necesariamente malo, pero nos arriesgamos a que la obra tenga algo de pastiche, a que se note lo añadido y a que el público también lo note, y, lo que es peor, a destruir algo de la frescura y espontaneidad originales.

Así, cualidades como ingenuidad e inexperiencia, que fueron parte de nosotros mismos, pueden constituirse, si no se ven alteradas, en genuino testimonio de vida y característica esencial de la obra de arte. Por el contrario, la supresión de dichas cualidades en beneficio de una supuesta mejora y un mayor perfeccionamiento técnico, con suerte,Kandinsky, Tensión suaveWassily Kandinsky © Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza realizará el prodigio de ofrecernos una obra nueva, con nuevos materiales que le conferirán un aspecto remozado y distinto, pero siempre a costa de una parte de nosotros mismos o, por mejor decir, a costa de aquel que ya no somos; de aquel a quien, casi sin darnos cuenta, venimos reemplazando a medida que maduramos, con cada herida, con cada fracaso, con cada golpe que nos da la vida. Ser conscientes de que la vida es un tránsito y etapas las edades sucesivas y que cada una de esas etapas es suficiente para justificar una existencia, puede darnos idea del valor potencial de lo que concebimos, gracias a la inspiración y al arte, en un momento determinado de nuestra trayectoria. Ignorarlo y no respetar aquello que logramos, por muy perfectible que pueda parecernos, ¿no equivaldría a perpetrar un crimen contra nosotros mismos, un atentado contra nuestra memoria?


  1. NOTA: hace un año aproximadamente mi padre terminó de retocar un pequeño cuadro de talla en madera, un florero que había realizado muchos años atrás, en las postrimerías del siglo XX, lo cual me dio pie a escribir un artículo en donde me lamentaba por su decisión de recomponer el cuadro en vez de efectuar una nueva versión partiendo desde cero. Creo que dicho artículo es un buen complemento y está directamente relacionado con el tema tratado, por lo que recomiendo su lectura.

4 comentarios:

yolanda dijo...

Cuanta razón tiene, creo que uno debe estar satisfecho con lo que va elaborando y que quede como muestra palpable de nuestra adquisición de experiencia,( en cuanto a lo que piensa su papá, ojalá lo convenza de que
deje sus trabajos terminados "terminados" y siga creando otros nuevos desde cero, es muy placentero para uno mismo ver el avance que tenemos en nuestros trabajos) doy el consejo y me quedo sin él.

Carlos Hernández dijo...

Pues sí, Yolanda, opino que no tenemos por qué avergonzarnos de lo que hicimos un día aunque ahora nos parezca muy imperfecto. Lo pasado, pasado; es preferible seguir adelante e ir afinando e intentado mejorar con cada nueva obra que realicemos. Autores hay —se me viene a la memoria el caso, por ejemplo, de Juan Ramón Jiménez— que han malogrado en buena medida su obra por ese afán de renegar de lo pasado y retocar constantemente.

Los consejos no se pierden ni prescriben por dárselos a nadie; los pierde, si acaso, quien los recibe y hace caso omiso, pero, como se suele decir, allá cada uno y que con su pan se lo coma, que en el pecado mismo hallará la penitencia.

Saludos.

Yolanda dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con usted y le agradezco que escriba con tanta elocuencia, porque su comentario, aunque es para mí, es un sabio consejo al que le pusieron atención algunas otras personitas a mi alrededor con quienes compartí su texto. Gracias
un cordial saludo.

Carlos Hernández dijo...

Es lo que tienen los sabios consejos, que cualquiera puede tomar provecho de ellos.
En el supuesto de que mis palabras pertenezcan a esta categoría, que no me atrevería yo a afirmarlo, nada podría satisfacerme más que el hecho de que usted las compartiera con otras "personitas" y, sobre todo, que merecieran captar su atención. Quedo contento y agradecido por ello.

Nuevamente un saludo, que espero comparta, asimismo, con esas personitas.

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