martes, 10 de julio de 2012

Poema LVIII

UNA TARDE, A LA HORA DE LA SIESTA

Despertar.
Ignorar el día y la hora,
quién soy y dónde estoy, por un instante,
hasta tomar conciencia y advertir
el pulso recobrado de la vida
que, con su esencial bagaje,
al punto que me informa
me define y me limita.

Atónito el ocupante
de la torre, Segismundo,
o el más que improbable,
repelente, aunque humano y compasible,
ortóptero kafkiano
se revelan
no mito ya legendario,
ni delirio extravagante
o insólito,
sino exacto paradigma
y verosímil
en virtud de esta porción
brevísima del tiempo
en que he vivido
consciente pero al margen de mi ser.

¿Qué hubiera sido
si al traspasar la linde
enigmática del sueño
la densa niebla
se hubiera resuelto
hacia un extraño
impredecible puerto?

Y ¿qué más da, si la Fortuna
ya nos mueve, implacable, en la vigilia
mientras gira ordenando con su rueda
cuantos quiere reveses y mudanzas?

Lamentaría
dejar al que ahora soy
por despertar o no en algún otro
si ello implica
que no he de ver
o recordar
todas las cosas
a través del cristal mismo,
único y distinto,
aunque cambiante,
con que, vivo, el pensamiento
alumbra mi memoria y mi mirada.

Sentiría no recordar
que un antes hubo y un después:
a una nueva vida
con dolor haber nacido
y ser en mi interior un hombre nuevo,
luego que, caprichoso, un joven
dios me tocara con sus alas.

Y, al cabo, si es preciso
que ello ocurra
y que sea sin memoria
el viaje y sin retorno,
aún le queda
un humilde y glorioso consuelo a mi persona:
en el último lúcido instante
—el cual siempre será— de la conciencia
ver la luz
si es que muero enamorado.



Febrero - Abril de 2002

lunes, 9 de julio de 2012

La importancia de mirar cara a cara a la muerte

Si hay algo que distingue al hombre del resto de seres vivos es su capacidad de raciocinio. Gracias a esta habilidad para manejar ideas y conceptos, el ser humano, haciendo uso del lenguaje y con ayuda de la experiencia, adquiere conciencia de sí mismo y pronto está en disposición de formularse preguntas sobre todo lo que le rodea, incluyendo su propia existencia.

martes, 15 de mayo de 2012

Poema XVIII

SI NO ESTÁS TÚ...

Tiemblo como una hoja
de pensar que soy ligero
como una hoja,
de pensar que soy tan frágil
como una hoja,
de pensar que voy al viento
como una hoja
(tiemblo si no estás tú).


Tiemblo cuando no encuentro
a mi vida un sentido:
cuando la densa noche
oscurece el camino
sepultando las huellas
y expandiendo un gemido...


Tiemblo si no estás tú
porque sé que estoy perdido
si no estás tú,
porque nada vale nada
si no estás tú,
porque ya no soy el mismo
si no estás tú
(tiemblo como una hoja).

15 de Junio de 1988

lunes, 14 de mayo de 2012

Al borde de lo humano y lo divino

El misterio es consustancial a la poesía, tanto como a lo sagrado. Para la expresión verbal de los misterios de su doctrina, el hagiógrafo, el brahmán, el imán, el sacerdote o gurú de cualquier creencia religiosa se sirve de una poética, usa, en clave poética, un código más o menos accesible a la hora de intentar transmitir los axiomas de su fe.

sábado, 17 de marzo de 2012

Poema XIII

LA VERDAD (PASIÓN AMOROSA)

Quiero pagar con desprecio
todo lo que me has negado.
Quiero escupirte a la cara
cuando me extiendas los brazos.

Quiero con risas mordaces
de tus sollozos reírme.
Quiero verte de rodillas
y que humillada supliques.

¡Y reírme, reírme!...


Pero por favor:

si me miras      no me mires,
si me hablas      no me hables,
si sonríes      no sonrías,
si me llamas            no me llames.

Porque como yo vea

que me miras,
que me hablas,
que sonríes,
que me llamas...

en un instante
me tendrás abrazado a tus rodillas.



21 de Diciembre de 1987

viernes, 16 de marzo de 2012

Quien bien te quiere te hará sufrir

«No se tenga por verdadero amante quien no confiese sufrir o haber sufrido por causa de la persona amada, y, asimismo, nadie espere celebrar la más alta dicha del amor ni alcanzar sus maravillosos dones sin pagar —antes o después— su peaje de dolor y probar su pasión y su tormento».