lunes, 15 de octubre de 2012

Poema XLI

SOLEDAD AMANTE







Mientras te habito,
esposa y fiel amante,
luz y daño, sombra y gozo,
dulcemente, se reparten.

Mi corazón
tan pronto, cruel, has roto
simulando un abandono,
como al poco lo has llenado,


tierna y nutricia,
límites traspasando
—si límites él tolera,
de sí libre, enajenado—


con tu fingido
regreso y tu presencia.



Septiembre de 1994

domingo, 14 de octubre de 2012

Amor y soledad

No es tan terrible estar solo. Nada tiene de terrorífico, en sí mismo, el hecho de hallarse a solas en las más diversas circunstancias o en uno u otro lugar. Lo verdaderamente terrible y angustioso, aquello capaz de causar espanto e inquietud sin límites en nuestra alma, es el sentimiento íntimo y subjetivo de la soledad

lunes, 20 de agosto de 2012

Poema LXIII

MATERNIDAD

A Belén





Una muñeca de improviso
que se arroja a tu regazo
—ojillos, brazos hacia ti
que te imploran o que anhelan—
y en su necesidad o en ese acceso
irreprimible de ternura
obtiene pronta
recompensa: el abrazo
y la caricia o beso de unos labios
que pronuncian: "Mi muñeca".

Muñeca que se acoge a tu regazo,
chupa, pausada, el pulgar
—todavía es muy pequeña—
mientras observa el orbe diminuto
desde el mejor acomodo
y el más dulce que existe en el jardín
de sus tibios ensueños infantiles.

¡Cuántos soles, lunas y planetas,
niñita, para entonces!

Con sus lecciones el dolor
en cada acción y el placer
con su espléndido atractivo,
cuánta risa y cuánta lágrima,
cuánto daño y cuánta dicha
traerán a tu existir.

¿Gozarás en huerto ameno
las dulces mieles del amor?

¿Sentirás la acerba herida?

Tras placeres y dolores
¿gustarás el fruto
amoroso y cierto
de tu unión?

Tú no dejarías a tu muñeca
en cariñosas manos mercenarias
por egoísmo —¡cuántos tesoros
desperdiciados
a cambio de unas monedas!—
o —valiente sacrificio,
linda abnegación—
de todo lo que es
absolutamente superfluo
para que no le falte de nada,
¿verdad?

Tras muchos soles, lunas y planetas
veo una muñeca
que se arroja a tu regazo
—brazos hacia ti— y recibe
el abrazo requerido
y el efusivo beso de unos labios
que pronuncian: "Mi muñeca".

Y ella chupa su pulgar
mientras mira el orbe
desde el mejor acomodo
que existe en el jardín
de los sueños infantiles.



12 - 14 de Febrero de 2004

domingo, 19 de agosto de 2012

Instinto maternal

Una de las escenas mas bellas y conmovedoras que pueden darse en la naturaleza, suficiente para enternecer a cualquier persona que la observe y disponga de un mínimo de sensibilidad, es la del cuidado y delicadeza con que una hembra acoge en su seno a su cría

jueves, 26 de julio de 2012

Poema LXXII

Después de tanto amarte, aborrecerte;
al fin de tanta espera, no esperarte;
tras tanto querer verte en cualquier parte
hacer cuanto es preciso por no verte.

No ver en mi infortunio mala suerte,
pensar que fue por dicha no lograrte,
tener el alma puesta en olvidarte
y el norte haber perdido de quererte.

No es sólo por tus tachas o defectos,
continuo tu desdén no es suficiente
ni son de tus tormentas los efectos:

también sabe nadar contra corriente
mi amor; aunque, para extinguir sus llamas,
le baste con saber que no me amas.



11–25 de Julio de 2012

martes, 10 de julio de 2012

Poema LVIII

UNA TARDE, A LA HORA DE LA SIESTA

Despertar.
Ignorar el día y la hora,
quién soy y dónde estoy, por un instante,
hasta tomar conciencia y advertir
el pulso recobrado de la vida
que, con su esencial bagaje,
al punto que me informa
me define y me limita.

Atónito el ocupante
de la torre, Segismundo,
o el más que improbable,
repelente, aunque humano y compasible,
ortóptero kafkiano
se revelan
no mito ya legendario,
ni delirio extravagante
o insólito,
sino exacto paradigma
y verosímil
en virtud de esta porción
brevísima del tiempo
en que he vivido
consciente pero al margen de mi ser.

¿Qué hubiera sido
si al traspasar la linde
enigmática del sueño
la densa niebla
se hubiera resuelto
hacia un extraño
impredecible puerto?

Y ¿qué más da, si la Fortuna
ya nos mueve, implacable, en la vigilia
mientras gira ordenando con su rueda
cuantos quiere reveses y mudanzas?

Lamentaría
dejar al que ahora soy
por despertar o no en algún otro
si ello implica
que no he de ver
o recordar
todas las cosas
a través del cristal mismo,
único y distinto,
aunque cambiante,
con que, vivo, el pensamiento
alumbra mi memoria y mi mirada.

Sentiría no recordar
que un antes hubo y un después:
a una nueva vida
con dolor haber nacido
y ser en mi interior un hombre nuevo,
luego que, caprichoso, un joven
dios me tocara con sus alas.

Y, al cabo, si es preciso
que ello ocurra
y que sea sin memoria
el viaje y sin retorno,
aún le queda
un humilde y glorioso consuelo a mi persona:
en el último lúcido instante
—el cual siempre será— de la conciencia
ver la luz
si es que muero enamorado.



Febrero - Abril de 2002