ALMA
Tu belleza es tu alegría.
Mi alegría es tu belleza.
Tu alegría es mi alegría.
Como lámpara magnífica
de traslúcidos cristales
de colores, sabiamente
tallados, en mil facetas,
por la mano de su artífice,
que apagada, en la penumbra
de una sala, nada dice
a quien, casualmente, acierta
a mirarla de pasada,
y que, sin embargo, estando
encendida, no es posible
sustraerse a la hermosura
de su alegre colorido,
y a sus gamas y reflejos,
y quedamos admirados,
suspendidos, como absortos
en su luz incomparable
y su bello resplandor,
así, cuando tú estás triste
o en exceso imprimes muda
seriedad a tus facciones,
cuando un velo de desánimo
—o indiferencia o hastío—
se interpone en tu mirada
y es tu rostro como cera
por su fría palidez,
no te veo o sólo veo
la misma imagen, quizá,
que a ti no te gusta ver
en las fotos, los retratos...,
pero el día en que te muestras
con tu yo resplandeciente
—resplandeces, toda tú,
en serio, puedo jurarlo—
te comparo con el brillo
de la aurora, con sus tonos
y arreboles, y te encuentro
mejor; tu hermosura vence
al crepúsculo dorado
que en la tarde tiñe el cielo
con reflejos de carmín.
Ante el prodigio, mi asombro
crece y quedo cautivado:
¿cómo un alma en amorosa,
viva llama resplandece?
Tu belleza es mi alegría.
Tu alegría es tu belleza.
Mi alegría es tu alegría.
6 de Diciembre de 2011